PEPE-PEAJES

El insecto se muere de la risa
y dice: Para entregar
concesiones de autopistas y
comer pescado sin filetear, hay
que tener mucho cuidado, y se
refiere al patadón que estas
empresas le tiraron, sin la menor
piedad, al ya casi octogenario
Ricardo Lagos.

Justo cuando su intento de ser candidato presidencial es una lancha que hace agua por babor y estribor, las empresas concesionarias, piratas y codiciosas, le apuntaron sus cañones económicos a la línea de flotación desde el primero de enero, cuando  comenzó a regir la nueva tarifa de los peajes en estas carreteras que nos están costando más caras que haber construido dos trenes de alta velocidad entre Arica y Puerto Montt, uno para carga y otro para pasajeros, según las cuentas del grillo.

Pepe establece que los usuarios deberán pagar un 6.4% más que el año pasado, porque se trata de un simple abuso y un robo contra todos los chilenos, pues al subir el costo del transporte terrestre, sostiene el bicho, las alzas se desparraman por todos lados.

Para un organismo como Automovilistas Unidos, se trata de un gasto “que se salió de control para el transporte automotor, privado o colectivo, de personas y de carga, pues las empresas tienen garantizado automáticamente un 3,5% sobre el IPC”, o sea un regalo, sostiene el insecto.

Ahora el problema se desata cuando se averigua quien es el autor de este desaguisado de las autopistas concesionadas: Nada más y nada menos que el lacustre tipo, que debería dar una explicación al país, indica Pepe.

Indica que por ser una concesión, se trata de un bien público que se traspasa a privados y por lo tanto debe ser en todos los casos, un trámite muy cuidadoso  

Nadie puede negar que nuestras carreteras pasaron de ser caminos polvorientos llenos de hoyos, a convertirse en sendas pavimentadas más o menos conservadas, pero sin ser tampoco la gran cosa pues a cada rato se cae un viaducto o aparece un socavón si llueve fuerte y ni hablar de un accidente que crea gigantescos embotellamientos, demoras y gastos imprevistos para la gente.

En otras palabas, como reclama el público, es criminal económicamente, absurdo desde el punto de vista de modernización del país y ridículo desde la óptica de la prepotencia de las concesionarias, que en la medida que los pavimentos envejecen y se deterioran, es decir cuando peor está el servicio, más caro lo cobran, reniega el grillo. Y pone un ejemplo de lo que afirma: La antigua avenida Kennedy, construida por el Estado y regalada a la autopista respectiva, que ahora percibe ingresos elevados por el uso de algo donde no invirtió un centavo.

Para peor, cada empresa se encarga de los estudios sobre los horarios de mayor congestión, determina las alzas respectivas, se las presenta al MOP y este las acepta, porque así está establecido legalmente. O sea hacen lo que se les da la gana y eso es grave Lagos, reprocha Pepe.

El gobierno debería actuar, pero no se atreve y se necesita que el descontento se manifieste en forma organizada. Peor aún, algunos bien aceitados proponen ampliar las concesiones a 20 o 30 años más, un auténtico cogoteo masivo en opinión del insecto.

Pepe afina el violín y canta:  Las autopistas dejan una millonada que debe volver a las arcas del Estado y financien nuevas infraestructuras. Se debe pelear por eso.

Ahí les queda el encargo, dice, y se echa a volar.

ClariNet