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TATAN-DERVA

PRESIDENTE EN
LA CUERDA FLOJA.
EL DISCURSO DE PIÑERA
NO CONVENCE  Y LA
INCERTIDUMBRE SIGUE
LATENTE EN CHILE.

El Presidente, como ya le ha ocurrido en otras ocasiones por no decir con frecuencia, demostró una vez más anoche que no está a la altura del estadista que Chile necesita en estos momentos de gran peligro social, político y económico.

Simplemente él “ya no da el ancho” para poder resolver los graves problemas chilenos inmediatos. Así al menos lo demostró en la pantalla.

Si ésta fuera la realidad, como se asegura en el mundo político y económico,  estaría claro entonces que como presidente le quedaría   ya  poco tiempo  porque se está enredando en fórmulas y fórmulas que no tienen ningún éxito mientras Chile, ve con impotencia la destrucción de todo lo que se ha construido por años, en casi todas las ciudades chilenas.

Sólo veamos la situación de Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Concepción, Talca, Antofagasta, por nombrar sólo algunas, todas están en el suelo.

Todos los esfuerzos presidenciales para esta escalada o despertar social, con “hordas salvajes” que arrasan, saquean e incendian costosas instalaciones y edificios en las ciudades,  han sido hasta anoche inútiles.

Desde el día 18 de octubre,  primero anulo el alza del pasaje en el metro (que fue la gota que rebasó el vaso de la protesta social), seguidamente presentó un acta de mejoras sociales que contempló parar las alzas en las tarifas de los servicios básicos e incrementar las jubilaciones de hambre,  luego decreto el estado de emergencia con toque de queda incluido sacando a los militares a las calles, lo que le origino más  problemas al país por las violaciones  a los DD HH y el último fin de semana se abrió, a pesar de la oposición en sus propias filas, a escribir, conjuntamente con todos los chilenos,  una nueva Constitución, lo que los manifestantes en las calles venían pidiendo ya desde el día del estallido social, proceso que la ex Presidenta Michelle Bachelet dejó inconcluso a pesar de haber sido uno de los tres pilares de sus promesas de Gobierno.

En medio de esta violencia, que ha sido también sangrienta (con muertos y muchos heridos), el Presidente,  en vez de hablar con energía o como un verdadero estadista, plantea ingenuamente a los violentistas y a los políticos anoche  un acuerdo de paz y contra la violencia, un acuerdo por la justicia y un acuerdo para una nueva Constitución.

Sabemos perfectamente que lo que ocurre en Chile no es solamente responsabilidad  de Piñera, eso está claro, ya que el mal de este país se arrastra desde la cruenta dictadura militar de Pinochet con modelos draconianos que después los Presidentes de la Democracia no quisieron, no supieron o  no tuvieron la visión de anular o modificar.

Tampoco es responsabilidad de Piñera verse enfrentado a una oposición  débil que sigue actuando solo políticamente y no para resolver la actual situación del país. ¿Cómo se puede interpretar el hecho que en  medio de la crisis el Congreso Nacional haya cerrado ayer sus puertas “por medidas de seguridad”,  dejando pendiente el trabajo que urgentemente le había pedido el Gobierno?

Esto no es un chiste señores diputados y senadores. Hoy el economista José de Gregorio anticipó que la economía chilena va a estar «extremadamente débil» por el impacto de la crisis social, advirtiendo incluso que el desempleo podría superar el 10 por ciento «por primera vez en muchísimos años».

Juan Pablo Swett, presidente de la Multigremial de Emprendedores, por su parte, detalló que «la estimación es que se han perdido ya 50 mil puestos de trabajo, equivalentes a casi 50 mil pequeños comercios y empresas que lo perdieron todo».

El problema central de Chile ha sido el neoliberalismo aplicado sin control alguno y con gran despreocupación de la situación de vida o de calle de la gran mayoría de los chilenos, que vive el hambre, miseria, carencias en todo sentido, discriminaciones y en gran parte humillada por las clases más acomodadas y los empresarios que manejan a sus anchas los precios de los productos en general como, por ejemplo,  los medicamentos en las farmacias.

Nunca se ha castigado tan severamente  a un empresario corrupto como se castiga a un “pobre diablo” que roba una gallina. ¿Qué hablar de los políticos y sus frecuentes irregularidades?

La crisis social chilena es mucho más grave de lo que se ha dicho y aún mayormente grave cuando son los que usufructuan del modelo para enriquecerse más y más.

El Presidente dejó en claro o dio a entender que Carabineros de Chile no contaría con una fuerza potente y adecuada como la requerida  para poder parar la violencia actual y que piensa reclutar a ex Carabineros y ex funcionarios de la PDI (Policía civil de investigaciones) que han pasado recientemente a retiro. Solamente este anuncio complica más aún la crisis en una visión hacia  futuro.

Al Presidente y sus ministros: aunque nos saquen los ojos, Chile ya despertó

el Gobierno Karla Rubilar dio la clave: «La decisión fácil hoy es usar la fuerza;  la difícil, apostar por la Paz y al diálogo. En medio de la prepotencia y el odio, que se levante la democracia y los acuerdos. La historia nos juzgará si estuvimos a la altura».

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas?

El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos.

De esta tribuna Presidente, se lo digo claro: deje de reprimir a la gente que solo pide mejores condiciones de vida, Presidente deje de mutilarnos.

Estamos cerca de cumplir el mes desde el inicio de la movilizaciones que a lo largo de todo el país, dieron cuenta del despertar de las familias chilenas, de la rabia e indignación contenida por años y de la necesidad de sepultar el pacto de la transición y a sus protagonistas. 

Un sentido de estas expresiones ciudadanas profundamente impugnatorio, pero que rápidamente transitó hacia la necesidad de un nuevo pacto social, como fruto de una asamblea constituyente.

Pero el gobierno ha decidido no escuchar. Son 23 días, en los cuales sólo ha impulsado su agenda y no se ha detenido a responder las demandas que la gente ha puesto en la mesa: un nuevo sistema de pensiones que asegure mejores jubilaciones, sueldos decentes, educación y salud garantizadas y por supuesto, una Asamblea Constituyente que garantice una vida digna. 

Junto con no escuchar, el gobierno sentenció, a través del discurso del presidente Piñera, que el orden público era la prioridad -incluso señalando que se encontraba en guerra- y que, por lo tanto, la represión era su respuesta a la movilización social.

Las consecuencias quedan a la vista: según cifras del INDH -actualizadas al 10 de noviembre- son 2.009 las personas heridas en hospitales de las cuales 643 son por perdigones; 345 por arma de fuego no identificada, 41 por balines, por golpes o gases 938. De estos son 197 personas con heridas oculares. A estos hechos se deben sumar las 52 querellas que hasta ahora se han ingresado por violencia sexual.

El último caso, y el más grave por cierto, es el de Gustavo Gatica, de 21 años, vecino de Colina y estudiante de psicología de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, quien fue herido por balines disparados por Carabineros el pasado viernes 8 de noviembre, mientras fotografiaba las manifestaciones pacíficas en las cercanías de Plaza Italia. 

Como consecuencia del hecho, perdió la visión en uno de sus ojos y dando pelea para no quedar completamente ciego. Una vida truncada por una política de represión impulsada desde el gobierno, apoyada y fortalecida por el propio presidente Piñera. Él es el principal responsable de que hoy Chile encabece el triste récord de mayor cantidad de heridos oculares por el uso de balines y perdigones en el mundo, concentrando casi el 70% de los casos según cifras dadas a conocer por la sociedad chilena de oftalmología. 

Estos datos se suman a la larga lista de antecedentes que sustentan una acusación constitucional que se lleva adelante contra el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, y contra el presidente Sebastián Piñera, por sus responsabilidades en las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, por el uso excesivo de la violencia, y el no cumplimiento de los protocolos de acción de las policías, que en el caso de la acusación contra el primer mandatario apoyo con mi firma, porque las autoridades de este gobierno deben responder ante la ciudadanía, por su desidia y abandono de la protección de los derechos más fundamentales de los chilenos y chilenas.

El domingo pasado, el ministro del Interior Gonzalo Blumel sostuvo que no se podía detener el uso de este armamento “disuasivo” porque no se podía poner en riesgo la seguridad. Por otro lado, el General Director de Carabineros, Mario Rozas, sostuvo el mismo día que el uso de las escopetas antidisturbios sean usados en situaciones de “real peligro”.

¿Qué espera Blumel para detener esto, más gente ciega por balines? ¿Gente muerta? Su tarea es cuidar la seguridad de las chilenas y los chilenos. Usted señor ministro, está poniendo en peligro la vida de las millones de personas que están en las calles exigiendo dignidad. Le exigimos que deje las murallas de La Moneda y vea con sus propios ojos el constante incumplimiento de los protocolos que usted defiende. ¿Qué espera el general de Carabineros para que los funcionarios apliquen de una buena vez el bendito protocolo que se ha dedicado a leer en diferentes espacios o como lo hizo en la comisión de Derechos Humanos?

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas? 

El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos. De esta tribuna Presidente,  se lo digo claro: deje de reprimir a la gente que solo pide mejores condiciones de vida, Presidente deje de mutilarnos.

El gobierno, con su acción represiva e indolente, ha logrado aumentar la tensión y hacer crecer un estallido social que está expulsando rabia y decepción, además de exigir respuestas concretas a las demandas ya conocidas.

El garrote (y los balines) no son las respuestas que necesitamos, tampoco las que se encierran en instituciones sin considerar a la gente como se ha hecho hasta ahora. Dejar de violar los derechos humanos, primero, y escuchar al soberano es el camino. Esperemos que Piñera y su gobierno se decidan, por el bien de Chile, a tomar este camino.

Al Presidente y sus ministros: aunque nos

saquen los ojos, Chile ya despertó

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas?

El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos. De esta tribuna Presidente, se lo digo claro: deje de reprimir a la gente que solo pide mejores condiciones de vida, Presidente deje de mutilarnos.

Estamos cerca de cumplir el mes desde el inicio de la movilizaciones que a lo largo de todo el país, dieron cuenta del despertar de las familias chilenas, de la rabia e indignación contenida por años y de la necesidad de sepultar el pacto de la transición y a sus protagonistas. Un sentido de estas expresiones ciudadanas profundamente impugnatorio, pero que rápidamente transitó hacia la necesidad de un nuevo pacto social, como fruto de una asamblea constituyente.

Pero el gobierno ha decidido no escuchar.

Son 23 días, en los cuales sólo ha impulsado su agenda y no se ha detenido a responder las demandas que la gente ha puesto en la mesa: un nuevo sistema de pensiones que asegure mejores jubilaciones, sueldos decentes, educación y salud garantizadas y por supuesto, una Asamblea Constituyente que garantice una vida digna. 

Junto con no escuchar, el gobierno sentenció, a través del discurso del presidente Piñera, que el orden público era la prioridad -incluso señalando que se encontraba en guerra- y que, por lo tanto, la represión era su respuesta a la movilización social.

Las consecuencias quedan a la vista: según cifras del INDH -actualizadas al 10 de noviembre- son 2.009 las personas heridas en hospitales de las cuales 643 son por perdigones; 345 por arma de fuego no identificada, 41 por balines, por golpes o gases 938. De estos son 197 personas con heridas oculares. A estos hechos se deben sumar las 52 querellas que hasta ahora se han ingresado por violencia sexual.

El último caso, y el más grave por cierto, es el de Gustavo Gatica, de 21 años, vecino de Colina y estudiante de psicología de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, quien fue herido por balines disparados por Carabineros el pasado viernes 8 de noviembre, mientras fotografiaba las manifestaciones pacíficas en las cercanías de Plaza Italia. Como consecuencia del hecho, perdió la visión en uno de sus ojos y dando pelea para no quedar completamente ciego.

Una vida truncada por una política de represión impulsada desde el gobierno, apoyada y fortalecida por el propio presidente Piñera. Él es el principal responsable de que hoy Chile encabece el triste récord de mayor cantidad de heridos oculares por el uso de balines y perdigones en el mundo, concentrando casi el 70% de los casos según cifras dadas a conocer por la sociedad chilena de oftalmología. 

Estos datos se suman a la larga lista de antecedentes que sustentan una acusación constitucional que se lleva adelante contra el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, y contra el presidente Sebastián Piñera, por sus responsabilidades en las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, por el uso excesivo de la violencia, y el no cumplimiento de los protocolos de acción de las policías, que en el caso de la acusación contra el primer mandatario apoyo con mi firma, porque las autoridades de este gobierno deben responder ante la ciudadanía, por su desidia y abandono de la protección de los derechos más fundamentales de los chilenos y chilenas.

El domingo pasado, el ministro del Interior Gonzalo Blumel sostuvo que no se podía detener el uso de este armamento “disuasivo” porque no se podía poner en riesgo la seguridad. Por otro lado, el General Director de Carabineros, Mario Rozas, sostuvo el mismo día que el uso de las escopetas antidisturbios sean usados en situaciones de “real peligro”.

¿Qué espera Blumel para detener esto, más gente ciega por balines? ¿Gente muerta? Su tarea es cuidar la seguridad de las chilenas y los chilenos. Usted señor ministro, está poniendo en peligro la vida de las millones de personas que están en las calles exigiendo dignidad. Le exigimos que deje las murallas de La Moneda y vea con sus propios ojos el constante incumplimiento de los protocolos que usted defiende. ¿Qué espera el general de Carabineros para que los funcionarios apliquen de una buena vez el bendito protocolo que se ha dedicado a leer en diferentes espacios o como lo hizo en la comisión de Derechos Humanos?

¿Qué espera el presidente Piñera para pedir la renuncia al general Rozas? 

El mandatario está pasando a la historia como quien autorizó la mayor represión a la ciudadanía desde la dictadura, sus manos se están tiñendo de sangre de manifestantes que solo están demandando una vida mejor para ellos y sus hijos. De esta tribuna Presidente,  se lo digo claro: deje de reprimir a la gente que solo pide mejores condiciones de vida, Presidente deje de mutilarnos.

El gobierno, con su acción represiva e indolente, ha logrado aumentar la tensión y hacer crecer un estallido social que está expulsando rabia y decepción, además de exigir respuestas concretas a las demandas ya conocidas. El garrote (y los balines) no son las respuestas que necesitamos, tampoco las que se encierran en instituciones sin considerar a la gente como se ha hecho hasta ahora. Dejar de violar los derechos humanos, primero, y escuchar al soberano es el camino. Esperemos que Piñera y su gobierno se decidan, por el bien de Chile, a tomar este camino.

Acuerdos de Utilería: Piñera al Borde del K.O

por Francisco Herreros

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Si alguna señal faltaba para ratificar la sensación de un Gobierno contra las cuerdas, en parálisis cataléptica y desbordado por la rebelión de Moya, la entregó la confusa, innecesaria y meliflua intervención de Piñera por cadena nacional de televisión, incoherente corolario de la potente huelga general del 12 de noviembre.

Pasadas las 19:00 hrs., mientras la televisión mostraba una y otra vez, imágenes de saqueos, incendios y violencia, en el despacho presidencial de La Moneda se sucedían frenéticas reuniones, telefonazos de urgencia, conciliábulos y consultas.

La incorporación del ministro de Defensa, Alberto Espina, a la reunión principal, hacia las 20:00 hrs., alentó especulaciones entre los periodistas de palacio y alimentó alarmados rumores en las redes sociales.

Al final del día, el alumbramiento de los montes parió un ratón.

Hacia las 22:30 hrs., con treinta minutos de retraso, Piñera tomó poco más de siete minutos para desgranar su retahila de lugares comunes, repetidos como un mantra, tales como “nueva jornada de violencia y destrucción”; “el orden público ha sido vulnerado y la seguridad ciudadana no ha sido respetada” y “grave situación de violencia y delincuencia que atenta severamente contra nuestra democracia”, entre otros, lo cual significa un implícito reconocimiento de su fracaso en el control del orden público, relevado por él mismo a

Créase o no, la única medida para enfrentar tan apocalíptico diagnóstico, se limitó a “abrir la posibilidad de reintegración a Carabineros y a la Policía de Investigaciones de todas aquellas personas que hayan tenido un retiro reciente”.

Luego de una nueva capa de lugares comunes, en este caso, “estos son tiempos de unidad, son tiempos de grandeza”; “desde el primer día nuestro Gobierno ha hecho todos los esfuerzos posibles por escuchar a la gente con atención, con humildad, con comprensión; “la grave situación exige, con urgencia, dejar de lado todas las pequeñeces, dejar de lado todas las miserias, actuar con la grandeza, la generosidad y el patriotismo que las circunstancias nos exigen”, y “esta situación tiene que terminar ahora, y tomar plena conciencia de que eso depende del esfuerzo y del compromiso que pongamos cada uno de nosotros”, endosó un acuerdo de tres puntos, tan insuficiente e inútil como la “agenda social” y la “agenda de seguridad ciudadana”:

“Primero, un Acuerdo por la Paz y contra la Violencia que nos permita condenar en forma categórica y sin ninguna duda una violencia que nos ha causado tanto daño, y que también condene con la misma fuerza a todos quienes directa o indirectamente la impulsan, la avalan o la toleran.

Segundo, un Acuerdo para la Justicia para poder impulsar todos juntos una robusta Agenda Social que nos permita avanzar rápidamente hacia un Chile más justo, un Chile con más equidad y con menos abusos, un Chile con mayor igualdad de oportunidades y con menos privilegios.

Y tercero, un Acuerdo por una nueva Constitución dentro del marco de nuestra institucionalidad democrática, pero con una clara y efectiva participación ciudadana, con un plebiscito ratificatorio para que los ciudadanos participen no solamente en la elaboración de esta nueva Constitución, sino que también tengan la última palabra en su aprobación y en la construcción del nuevo pacto social que Chile necesita”.

No podía concluir sin una amenaza contra el movimiento popular organizado, que dicho sea de paso, ha resultado tan desbordado como toda la estructura política e institucional del país:

“Igual como no toleramos ninguna violación a los Derechos Humanos, tampoco toleramos ninguna impunidad frente a delitos que reflejan tanta maldad y que han causado tanto daño a tanta gente durante tanto tiempo. Por esa razón, he instruido al Ministerio del Interior y Seguridad Pública que presente querellas por la Ley de Seguridad del Estado contra aquellas personas que han incitado, o que han promovido, o que han fomentado, o que han participado en la comisión de los graves delitos que hemos conocido durante esta jornada”.

Otra vez tarde y mal

A título de primeros comentarios; respecto del primer punto uno, Piñera definitivamente no cae en cuenta que sus erráticas y tardías medidas, que buscan ganar tiempo en función del desgaste de la energía social de las mayorías movilizadas, así como las groseras violaciones de los derechos humanos perpetradas por Carabineros, a la vez amparadas y negadas por el gobierno, son los principales factores que alientan y retroalimentan la ira ciudadana y la violencia social.

Ya con la gigantesca marcha del 25 de octubre, el pueblo de Chile le dijo a Piñera lo que piensa de su esmirriada “agenda social”; de rídiculo monto, que sólo irroga gasto público y ninguna redistribución; lo cual no fue óbice para una nueva invocación del mantra, en el discurso del 12 de noviembre:

“Una robusta Agenda Social que nos permita avanzar rápidamente hacia un Chile más justo, un Chile con más equidad y con menos abusos, un Chile con mayor igualdad de oportunidades y con menos privilegios”.

Y qué decir del tercer “acuerdo”, sobre una nueva Constitución. De modo análogo que el punto anterior, el pueblo rechazó en la calle la propuesta constitucional del gobierno, así como también lo hizo una declaración conjunta de los catorce partidos de oposición, hecho inédito desde la instalación del segundo gobierno de Piñera.

Cuando Piñera propone un acuerdo “dentro del marco de nuestra institucionalidad”, simula no percatarse que esa institucionalidad es la que está, precisamente, en el centro de la crisis.

Evidentemente lo sabe, pero apunta a pescar lábiles votos entre oportunistas y liberales tardíos, en la ex oposición.

Demasiado poco, demasiado tarde.

Ninguna componenda de la elite cuya avaricia e incompetencia generó la crisis, puede detenerla.

El único que puede hacerlo es el telúrico movimiento ciudadano, una vez cumplidas sus dos principales exigencias: renuncia de Piñera y Asamblea Constituyente.

La amenaza implícita contra fuerzas políticas de izquierda y organizaciones de la Mesa de Unidad Social se dirimirá en el terreno que corresponde: la difusa, inconstante y tornadiza correlación de fuerzas de los múltiples intervinientes de la confrontación social.

Contra las cuerdas

La innecesaria exposición al ridículo del Presidente de la República, está rodeada de un cono de sombras que oculta el fracaso de la operación encaminada a reestablecer el estado de emergencia, mejor todavía, el estado de sitio, y en ambos casos, el despliegue las fuerzas armadas, para controlar el orden público.

El periódico electrónico de ultraderecha El Líbero, en la nota Presidente Piñera opta por no aplicar estado de excepción para abrir última oportunidad a un acuerdo n “El Presidente Sebastián Piñera evaluó decretar un nuevo estado de excepción constitucional y convocar a las FFAA para hacerse cargo del orden público. Los militares, de hecho, se acuartelaron a la espera de ese llamado.

Pero el Mandatario finalmente tomó la decisión de no sacar a los uniformados a la calle. La explicación desde La Moneda es que se envió una señal a la oposición, se le hizo un gesto implícito: renunciar al uso de la fuerza para dar una última oportunidad de llegar a un acuerdo transversal para salir de la crisis”.

Resulta insólito que sus asesores no lo instruyan de que cualquier acuerdo con la oposición, particularmente con lo que huela a concertación, no sólo es inviable, sino también parte del problema.

El artículo FF.AA. se niegan a nuevo Estado de Emergencia, obligando a Piñera a recurrir a policías retirados para agenda de seguridad, del periódico digital Interferencia, aseveró:

“Los militares se negaron anoche a seguir la orden del Presidente de decretar un nuevo Estado de Emergencia. Una alta fuente ligada a la Defensa aseguró a este medio que las Fuerzas Armadas no volverían a salir a las calles, puesto que este problema es político y la solución debe ser política.

Varias otras fuentes consultadas por INTERFERENCIA, tanto militares como civiles, aseguran que efectivamente los militares se negaron a un nuevo Estado de Emergencia y volver salir a las calles. Esto a pesar de que, desde hace dos noches, existe información de que los militares estarían acuartelados en las noches.

Mientras tanto, en el gobierno cunde el pánico que Carabineros -fuertemente cuestionados por actuar, mayoritariamente, con una violencia extremada en contra de la población civil- pueda comenzar una suerte de huelga de brazos caídos. Ello, porque algunos sectores policiales se sienten desamparados frente a una arremetida judicial en su contra”.

En ese contexto, el general director de Carabineros, Mario Rozas, aseguró que la institución no dará de baja a ninguno de los numerosos funcionarios imputados por diversas y sistemáticas violaciones de los derechos humanos.

ClarNet