PSU8

Esta semana, en diversos medios
nacionales salieron publicados los
resultados de la PSU que, como
es habitual, no brindó las mejores
noticias para una gran mayoría de
estudiantes que buscan su
acceso a las universidades..

Por Daniel Tillería Pérez

Aunque con este instrumento, más cercano al SIMCE, hoy ya no resulta novedoso para los egresados descubrir puntajes magros, luego de rendir dicha prueba y reconocer en esa herramienta de selección sus limitantes, colador que ofrece más dudas que certezas sobre el futuro educativo de nuestros jóvenes.

Mediante esta prueba de selección, bien lo dice su nombre, selecciona, por sólo una minoría de estudiantes, sabemos, accederá a una carrera de nivel superior que sea totalmente coherente con sus talentos y sus pasiones, y con la cual pueda vivir bien y realizarse como profesional; otros, en cambio, elegirán cualquiera, siempre y cuando el puntaje obtenido les alcance -aunque no les guste la opción-con tal de ingresar y proseguir estudios y no quedarse a la deriva.

La educación superior no puede transformarse en una tabla de salvación, menos en un premio de consuelo, creo en la vocación y en los intereses personales, el ingreso a una carrera no es, bajo ningún aspecto, una elección al azar. La elección debe gustar, motivar al futuro profesional, ayudándolo a desarrollar sus talentos, habilidades, capacidades y fortalezas. Entonces, es este otro error del sistema de aplicación, bajo este particular método de filtro, más el cuco de no ingresar, se desencadenan opciones erradas, que sólo llevan a fracasos posteriores. ¡Y no hacemos nada, aceptamos con la cara llena de risa la única opción existente y, entregados, nos sometemos a la prueba!

Antes, recuerdo, era el Bachillerato el que ponía límites al ingreso, pero el mecanismo de exclusión estaba socialmente aceptado y raramente se cuestionaba; luego vino la PAA, que descabezaba incautos mediante su cantinela “mide aptitudes y no conocimientos”, pero la verdad es que no medía aptitudes sino, muy por el contrario, medía conocimientos concretos de Lengua y Matemáticas. De hecho, los preuniversitarios tienen su origen a partir de esa fecha. Y allí es cuando comienza una carrera contra el tiempo para prepararse en forma y una sangría económica para los hogares más modestos, los preuniversitarios siempre fueron costosos: he allí otra camuflada herramienta de selección/exclusión hacia los que menos tienen.

Si los jóvenes deben prepararse durante meses, de manera extraprogramática, fuera de sus establecimientos y en horarios flexibles, para rendir medianamente bien la PSU, es porque en realidad no se encuentran lo suficientemente bien capacitados para rendirla, algo viene fallando y se arrastra en el tiempo, una prueba así, de selección, debe mostrarnos la calidad en el saber de sus participantes, calidad que una gran mayoría no posee, no está desarrollada del todo o los educandos presentan desconfianza en su metacognición. La culpa es del sistema expulsivo impuesto y aceptado, pues queda expuesto que es imposible el fracaso de una mayoría considerable de aprendientes. ¡Pueden muchos más de los que llegan!

Entonces, he aquí un primer planteo, si el problema es tan manifiesto, si los puntajes son preferentemente exiguos y si la testarudez de las autoridades en mantener la prueba vigente es tan enorme, ¿por qué no hacemos un plan nacional de preparación para la PSU, desde el inicio de la Enseñanza Media? Los bajos puntajes deberían ser la excepción, no la regla, no podemos estar festejando los 100 alumnos que brillaron en todo el país, la educación no es una carrera de caballos. E. Eisner, dice “Ofrecer oportunidades a los jóvenes e invitarlos a emplear medios que respondan a sus aptitudes son prácticas que conviene fomentar, y sus consecuencias serán apreciadas” (Eisner, 1998, p. 124)[1].

Concordemos que Chile no tiene solamente 100 alumnos brillantes en todo su universo escolar, el número aproximado de matrícula en la educación media es de 940.000 estudiantes, donde un 49,6% de ellos son varones, 50,4% mujeres y de este porcentaje un número significativo pertenece a hogares vulnerables.

Éstos, los de menores ingresos, son los más excluidos del sistema, son los primeros en quedar fuera de cualquier selección, ¿por qué este grupo humano no puede cursar una carrera de educación universitaria?, ¿para cuántos está pensada la PSU? Esto me hace aplicar las palabras de Howard Gardner, quien expresa  “En donde está escrito que todos deben demostrar lo que saben en el mismo día, en un mismo test y por escrito”. (Gardner, 1997, p. 56)[2].

Hay que impugnar, urgentemente, la preparación que se les otorga a nuestros estudiantes, en particular a los más pobres, luego las condiciones y los entornos de aprendizaje y, finalmente, los requisitos de ingreso al nivel superior. Dicho en buen romance, estoy proponiendo, derechamente, un ingreso irrestricto al sistema de educación superior, con apoyo sistemático, seguimiento permanente  y con óptimos niveles de exigencia, reconociendo que el 44% de los estudiantes de colegios municipales no obtuvieron 450 puntos, de esta cifra 29% representa establecimientos subvencionados y en los privados sólo un 7,53% no alcanzó a esa cifra.

Se vuelve  vergonzoso leer en los medios acerca de los 50 mejores colegios de Chile tras la PSU 2016, cuando este año fueron 258.534 personas las que se sometieron a la prueba, siendo un 89% de los inscritos; entonces, todos los colegios deberían ser de calidad, entregar calidad y egresar alumnos con saberes de calidad.

El vuelco entre lo que tenemos y lo necesitamos, se vuelve sustancial. ¿Qué hacemos para generar reales oportunidades de igualdad e inclusión incorporando al conglomerado más desposeído?

Una vez más, se  está repitiendo lo histórico, emparejar aprendientes, echar a todos a una misma bolsa, sin detenernos en las particularidades del saber de cada estudiante, medirlos a todos por igual y con idéntica vara, paro luego, hipócritamente, ampararnos en el demagógico discurso para explicar que cada estudiante es una individualidad.

¿No será que llegó el momento exacto para abrir las casas de estudios superiores a todos los que realmente quieran ingresar a carreras técnicas y universitarias? Sin hacer mucha alharaca, fijémonos, una vez más, en lo que sucede en Finlandia y no la pongamos de ejemplo sólo cuando nos conviene.

[1] Eisner, E  “Cognición y cirriculum”. Amorrortu Editores, Bs. As, 1998

[2]  Gardner, H  “La Teoría de las inteligencias múltiples”,  Revista “Novedades Educativas”, Año 9, N° 81, Bs. As., septiembre de 1997.

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