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La propuesta olvidada
sobre la salida al
mar de Bolivia.

En 2009, los arquitectos Fernando Castillo Velasco, Carlos Martner y Humberto Eliash propusieron la construcción de un túnel que pase por debajo de la superficie y que se extienda desde Bolivia hasta una isla construida en el océano Pacífico, y a través del que se puedan transportar vehículos de carga y gaseoductos explotados por el país vecino.

“Chile tiene la obligación de negociar de buena fe y de manera pronta y efectiva una salida al mar para Bolivia”, fue uno de los tuits escritos por el Presidente Evo Morales en la antesala de los alegatos realizados durante la jornada de hoy en la corte internacional de la Haya. Llamando a su pueblo a unirse en una vigilia, para presentar los argumentos, Morales continúa su lucha por una salida soberana al Océano Pacífico, marcando una agenda gubernamental que se  reitera desde que asumió el gobierno el año 2006.

Sin embargo, no todo ha sido cuestionado, debatido y dialogado por entidades políticas y mediáticas, pues este tema no ha dejado a nadie indiferente. En esa línea, hace 9 años, se generó una iniciativa que, con el tiempo, pasó desapercibida pero no ello menos interesante de revisar.

Avanzaba el año 2009 y el reconocido arquitecto Fernando Castillo Velasco (fallecido el año 2013), junto a Carlos Martner y Humberto Eliash, también dieron su opinión.

En un contexto lleno de argumentos políticos e interpretaciones históricas para el beneficio de las distintas partes que se integraron al debate limítrofe, esta triada de arquitectos expuso una propuesta denominada “El túnel de la concordia”, en honor a la denominada Línea de la Concordia, que delimita las fronteras de Bolivia,  Perú y Chile.

Es así entonces como un túnel de 150 km de extensión, se proyectaría desde Charaña, Bolivia, pasando bajo la superficie y justo en el espacio fronterizo entre ambos países del Pacífico, como una propuesta alternativa para la concreción de una isla construida sobre el océano con el material extraído en la construcción del mismo, como las islas Naos, Perico y Flamenco en la construcción del Canal de Panamá. Este túnel tendría la capacidad de transportar vehículos de distintas niveles de carga, transporte público, una línea férrea y un gasoducto como propuesta de financiamiento en el mediano y largo plazo para Bolivia y su eventual exportación de este recurso.

Si bien, esta idea puede sonar utópica, los arquitectos en ese momento y hace casi una década, planteaban que es perfectamente factible, como una obra del siglo XXI. Hay que revisar los casos del Canal de Suez, o el mismo túnel del Canal de la Mancha más conocido como el “Eurotúnel”, inaugurado el año 1994, o el túnel de Seikan, Japón, inaugurado en 1988, con más de 240 metros bajo el nivel del mar.

“Lecciones del tiempo vivido” (2008), de editorial Catalonia, se llamó una de las últimas obras publicadas por Castillo Velasco, en donde expone entre otras ideas el Túnel de la Concordia. En su momento la hizo llegar al ex canciller Mariano Fernández, como una forma de instalar la propuesta a niveles y conversaciones formales para ambos países, pues expresaba que más que un problema técnico o de factibilidad económica, la solución a este conflicto era meramente político.

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Sobre la problemática soberana y política, la propuesta planteaba que, adicionalmente a las dificultades técnicas y de financiamiento, otra arista de gran relevancia sería sobre la posición entre los países vecinos de Chile y Perú, puesto que si bien se plantea un proyecto que pasaría por debajo de la Linea de la Concordia, y en donde no existen propiedades que desarrollen actividades mineras o ductos eléctricos, la salida a la superficie que crearía una isla con soberanía boliviana.

A su vez, instalaría un territorio marítimo trinacional, el cual actualmente está bajo los límites de ambos países. Por tanto, la voluntad entre ambos debe estar al mismo nivel, pensando en el desarrollo de largo plazo para Latinoamérica y no sólo para el desarrollo económico y social de Bolivia. Esto serviría también para reconfigurar el entendido que se tiene sobre el derecho internacional y sobre todo en un contexto en donde el aumento y porcentajes de inmigración, está en constante crecimiento.

Problema político o no, todo está sucediendo bajo un ámbito institucional entre Estados, con un alto nivel mediático de por medio y a través de una corte internacional como ente mediador. Resulta quizás una ironía que siendo países vecinos no logremos llegar a nuevos acuerdos y quizás aún más irónico que, en términos democráticos, la opinión de la ciudadanía de los tres países no se tenga en cuenta y sólo se escuche la de sus representantes de Estado y  Presidentes/as de turno.

*Original publicado en Revista De Frente