CAMPAMENTOS8

La cara visible de la
exclusión habitacional.

Un estudio de Techo-Chile establece que actualmente en el país hay 40.541 familias viviendo en 702 campamentos, lo que representa un aumento de un 48 por ciento desde 2011 a 2017. Dicho incremento se concentra principal entre en regiones de la zona norte y en ciudades metropolitanas de Chile.

El informe advierte una crítica vulneración al derecho a una vivienda adecuada, que se da por la imposibilidad de pagar los gastos de vivienda y condiciones mínimas de habitabilidad.

Pablo Flores, director de investigación social de Techo, dijo que de los 1.785 hogares encuestados, el 60 por ciento se encuentra en campamentos porque no tienen los recursos suficientes para pagar un arriendo.

En ese sentido, señaló que en el caso de los hogares que pagaban arriendo, en promedio destinaban el 46 por ciento de sus ingresos a este ítem, cifra superior al 21 por ciento recomendado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Dichas familias perciben en promedio 335 mil pesos, de los cuales al menos 150 mil eran destinados a vivienda y 120 mil a alimentación.

De los encuestados, el 56,4 por ciento dijo vivir en una vivienda anteriormente, el 38,2 en una pieza de una vivienda y solo el 4,9 en otro campamento, lo que evidencia que esta es una situación nueva para la mayoría de las familias que hoy vive en campamentos.

Flores indicó que “estos datos hablan de la exclusión habitacional que hoy existe en Chile, no solo para las familias de campamentos, sino para gran parte de la población. Vimos cómo en la encuesta Casen hoy un 20 por ciento de la población arrienda, pero el primer quintil gasta más del 40 por ciento de sus ingresos en vivienda. Esta cifra aumenta para las personas que están en una situación de vulnerabilidad”, sostuvo.

Otro de los datos que arroja el estudio es que se trata de familias jóvenes donde el 54,2 por ciento de los jefes de hogar tiene entre 17 y 40 años de edad. De ellos el 55 por ciento dijo tener educación escolar incompleta.

Falta de regulación del mercado inmobiliario

Para el director de investigación social de Techo-Chile es fundamental que el Estado fortalezca las políticas públicas en materia de vivienda y diversifique las soluciones habitacionales por región. “No es lo mismo la situación de los campamentos en Antofagasta que la de Los Lagos”.

Además, advirtió que el Estado tiene un desafío urgente que es actualizar el catastro de familias que viven en campamentos y enfatizó en la necesidad de avanzar hacia un “banco de suelos públicos”.

“El Estado tiene todas las capacidades para poder regular la política habitacional en términos de las externalidades negativas que genera el mercado del arriendo y el mercado inmobiliario. Hay familias que están siendo desplazadas a vivir en la periferia, porque no tienen el ingreso suficiente para poder vivir dentro de una ciudad con equipamiento público. Entonces, estamos hablando de ciudades que están dadas por la capacidad de pago”, añadió.

Alexander Páez, investigador de Fundación Sol, criticó la falta de regulación que existe para el mercado inmobiliario. A su juicio, esto ocurre porque se trata de uno de los negocios para relevantes de los últimos diez años.

De este modo, explicó que tanto la especulación inmobiliaria como la extensión del crédito hipotecario a hogares de bajos ingresos, “conjuga una situación de vulnerabilidad en el tiempo, sobre el derecho a la vivienda”.

De acuerdo a datos de la OCDE publicados en febrero de este año, Chile es uno de los países que menos gasta en vivienda, alcanzando solo un 0.01 por ciento del PIB. Las cifras indican que en 2014 un 11 por ciento de los hogares vivía en condiciones de hacinamiento y un 69 por ciento de la población más pobre gastaba más del 40 por ciento de sus ingresos en vivienda.

“Estamos viviendo una crisis social producto de los bajos salarios”

El investigador de Fundación Sol dijo que la pobreza que se registra en Chile es consecuencia del bajo valor del trabajo que existe en general, donde la mitad de los trabajadores por concepto de la ocupación principal obtienen ingresos inferiores a los 350 mil pesos líquidos.

“Más allá de los índices de pobreza oficial, lo que estamos viviendo es una crisis social de magnitudes producto de los bajos salarios que se pagan. Cuando uno ve los datos de pobreza y saca los subsidios del Estado y el dato del alquiler imputado que se ocupa para calcular pobreza, nos damos cuenta que la las cifras oficiales pasan de un 11,7 por ciento a un 27 por ciento”, manifestó.

En tanto, según un estudio del Instituto Libertad y Desarrollo, basado en cifras del Banco Mundial, la pobreza en Chile aumentó de 0,9 por ciento en 2013 a 1,3 por ciento en 2015, es decir, pasó de afectar a 158.685 personas a 235.083.

Esto, porque desde la entidad internacional advierten que una persona está bajo la línea de la pobreza cuando vive con 1,9 dólares diarios (1.260 pesos aproximadamente).

Campamentos: el 60% de residentes

llegó por no poder pagar un arriendo

Autor: Paula Yévenes V.

Según estudio de Techo las familias gastaban 46% de sus ingresos mensuales, de $ 336 mil promedio, en este ítem. En los últimos seis años habrían aumentado en 48% las personas viviendo en estos espacios, según la fundación.

Según datos de la fundación Un Techo para Chile, actualmente existen 40.541 familias viviendo en 702 campamentos a lo largo del país. Esta cifra representa un aumento del 48% entre 2011 y 2017. ¿Cuáles son las razones del alza? Eso es lo que buscó dilucidar la última encuesta “Antecedentes Previos al Campamento” de Techo, aplicada a 1.785 hogares de siete regiones de la zona norte y ciudades metropolitanas de Chile.

De acuerdo con el sondeo, quienes llegan a habitar en un campamento son familias jóvenes, con jefes de hogar de entre 17 y 40 años, muy por debajo del promedio de 53 años que mostró la encuesta Casen de 2015. Un 23,7% de ellos terminó la enseñanza media, mientras que el 2,5% no alcanzó ningún nivel de escolaridad.

Además, por el contrario de lo que se podría esperar, el 93% de las familias declaró que no ha vivido toda su vida en un campamento, es decir, que se trata de personas que no están acostumbradas a dicha realidad.

¿Qué los empujó entonces a instalarse en estos espacios? El 60% de los encuestados indicó que la razón principal por la cual llegó al campamento fue el alto costo de los arriendos, seguido por un 30,3% que afirmó que vivía de allegado y tuvo que irse, y un 19,2% que señaló tener pocas oportunidades laborales.

El alto porcentaje del presupuesto familiar destinado al ítem arriendo, también queda consignado en el estudio. Según la encuesta, el promedio de sueldo por hogar era de $ 336 mil, de los cuales un 46% iba al pago del arriendo de una vivienda o pieza. La OCDE recomienda que este gasto no supere el 25% de los ingresos. Para estas familias, el 37% restante de sus ingresos estaba destinado a alimentación, y solo un 17% era asignado a gastos básicos como luz, agua y gas.

El incremento del costo de las viviendas también repercute, según el informe, en la migración desde lugares con más servicios a zonas apartadas. En la Región Metropolitana, por ejemplo, la mayoría de las familias que llegó a campamentos se trasladó desde comunas céntricas hasta otras ubicadas en la periferia de la ciudad, como Colina, Lampa y San Bernardo.

Para Gonzalo Rodríguez, director social de Techo, lo anterior “es el reflejo de un mercado del suelo y de la vivienda que hoy día está desregulado. Hoy lamentablemente estamos excluyendo de la ciudad a los que no pueden pagar por estar en ella”, sostuvo.

Respecto del aumento en el precio de los arriendos, Nicolás Izquierdo, subgerente de Portalinmobiliario.com, explicó que “las principales alzas en los precios de arriendo de las viviendas en la Región Metropolitana se produjeron durante los años 2012 y 2013, donde llegaron a tener un peak de crecimiento anual del 17%. Luego de este período, los precios comienzan de a poco a estabilizarse, aunque en niveles claramente superiores a los años previos al 2012”.

Justamente, para Rodríguez, lo anterior coincide con un período en el cual la situación de los campamentos se descuidó. “En los últimos seis o siete años los campamentos no han sido prioridad para ninguno de los dos gobiernos, así como la pobreza tampoco lo ha sido”, dijo. Y añadió que “el mejor reflejo de eso es que no se ha querido actualizar el catastro desde 2011. Es inaceptable seguir trabajando con un registro de hace seis años”.

Para mejorar esta situación, Techo elaboró un listado de diez acciones de largo y mediano plazo que esperan sean recogidas por los candidatos presidenciales, (ver propuestas).

Previo a su ingreso al campamento, las condiciones de vivienda tampoco eran las óptimas. El 69% reconoció hacinamiento medio o crítico. En el campamento, según explicó Rodríguez, la cifra baja a 25%.

En promedio, las familias que llegan a vivir a campamentos se mantienen en esa situación por diez u ocho años. “Hay muchas personas -incluso autoridades de gobierno- que creen que las familias se van al campamento para tener una solución más rápida, y eso no es verdad. Ellos se demoran mucho más en tener una solución habitacional definitiva”, sostuvo.

Vivir en un campamento

Desde 2011, Dominique Gómez (30) forma parte de las 22 familias que viven en el campamento Felipe Camiroaga, ubicado en la comuna de Colina.

Un año antes, se había independizado junto a su esposo y sus tres hijos.

Arrendaron una casa en su actual comuna. Sin embargo, el sueldo de su esposo como carpintero no alcanzó a cubrir los más de $ 100 mil del arriendo y los gastos que conlleva un hogar: tuvieron que abandonar su sueño.

“Nosotros no llegamos acá porque queríamos, sino porque no tuvimos otra opción. Teníamos ganas de poder vivir y pagar por las cosas”, dice acongojada. Actualmente, Dominique espera poder postular a un subsidio del Estado y obtener una mejor vivienda.

ClariNet