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Con su dueño fallecido casi a
los 90 años de edad, El
Mercucho, ha dejado de ser
el diario del Cucho y está en
la encrucijada de una familia
que en sus dos últimas
generaciones se distinguió
por perder parte importante
de su patrimonio.
 

Por Redacción de ClariNet

En medio de un curioso y asombroso misterio mercurial, Agustín Edwards Eastman expiró en su casa, tras una larga agonía que comenzó el año pasado con  un viaje a Roma y una operación en Nueva York que le dejo en una especie de estado vegetativo. Su deceso era esperado en cualquier momento desde febrero.

Su desaparición significa que el diario nacido en Valparaíso en torno a los comerciantes ingleses establecidos allí, porque era la Perla del Pacífico para los barcos que pasaban el Estrecho de Magallanes en demanda de las costas del Pacífico, fue el vocero y el cerebro de la peor derecha.

Estuvo en primera fila en la Guerra Civil de 1881, en la sublevación de la Armada y la entrega de la riqueza salitrera a los capitalistas de Londres, guerra civil de por medio y con el suicidio del presidente José Manuel Balmaceda, a quien Chile ha simulado honrar con un obelisco enano.

Luego, se robaron la herencia del agiotista Federico Santa María que quiso redimirse de sus operaciones en la Bolsa de Paris – que llevaron a la ruina y al hambre a pueblos enteros – fundando una universidad gratuita total para desvalidos meritorios, según su testamento.

Agustín Edwards McClure, el albacea, hizo el establecimiento, se echó el 75% del dinero al bolsillo, regaló unas cuantas becas y hasta hoy la familia está ligada a la UTFSM.

La madrugada del 5 de septiembre de 1970, cuando el triunfo electoral de Salvador Allende era un hecho concreto, el Cucho voló a Buenos Aires y de allí al exilio en Estado Unidos, donde se desempeñó entre otras cosas, como vicepresidente Mundial de la Pepesi Cola y sin que El Mercucho lo rememore, inauguró la primera planta de la bebida en Moscú en 1976, cuando aun la Unión Soviética era una realidad.

Este exilio dorado le llevó a venderle a los socialistas la Radio Corporación CB-114 y casi, casi el propio matutino y sus colgajos por algunos millones del billete yanqui, operación que se hizo por intermedio de Carlos Altamirano Orrego, amigo cercanísimo de su hermana Sonia, quien sacaría del país al político veleta, tres años más tarde, ya con la dictadura ensangrentando al país.

Allende – el gran cuco del Cucho, al que le tenía terror --, se opuso a la compra de El Mercurio – un error al que le llevó el hecho de querer evitar ser acusado de controlar el periodismo local – y justo apareció la CIA, que como lo comprobó más tarde la Comisión Church del Senado en Washington, se gastó esos mismos millones de dólares en mantener la publicación que mintió abiertamente sobre la Unidad Popular (hasta inventó una foto en la que se ve a un super atleta mirista en un salto descomunal, con el rostro cubierto por un pañuelo, como los pistoleros del Viejo Oeste, golpeando con un garrote a un indefenso carabinero)  y ayudó a sentar las bases del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Cuando los genocidas estuvieron firmemente en el poder el Cucho regresó a Chile. En esos años perdió sus inversiones en la Pepsi, una armaduría de camiones Ford que se inauguró en los años de 1930, incluso se fue al diablo el Banco Edwards de la familia y el viejo solar empresarial de la calle Compañía y quizás cuantas empresas más. El Mercucho estuvo quebrado al menos tres veces y la tiranía primero y la derecha monopólica después, lo sacaron del hoyo. Fue un mal empresario junto a su hermano Roberto. 

         

Hoy, mientras aun no se disipa el incienso quemado en su honor, una elegante frase suya revela quien era en realidad el Cucho en el periodismo: “"Debemos dar la noticia completa e indeformada, pero las conclusiones que de ella deduzcamos serán las que válidamente nos dicte nuestra línea editorial, indicando no solo lo que vemos, sino cómo lo vemos y por qué lo vemos".

Si uno lee en profundidad queda claro que se arrogó el derecho de interpretar los hechos a su amaño y de acuerdo a sus intereses, siguiendo su supuesta línea editorial, que nunca fue más que el bolsillo de los muy ricos.

Edwards ha pasado a la historia como uno de los promotores del golpe militar y del gobierno de facto, operación en la cual puso a disposición del fascismo chileno todos sus medios de comunicación que recibían financiamiento de la Agencia de Inteligencia Central (CIA) de Estados Unidos con el objetivo de desestabilizar el gobierno de Salvador Allende.

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En abril de 2016, un grupos de víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet presentaron una querella por “sedición” en contra del empresario por su eventual responsabilidad en la incitación al Golpe de Estado de 1973.

Igualmente fue expulsado del Colegio de Periodistas por la falta de ética y atentar contra la libertad de expresión.

Según documentos desclasificados de la CIA, Edwards se reunió con el jefe de la inteligencia estadounidense Richard Helms, el 14 de septiembre de 1970, para discutir la llegada de Allende a La Moneda. En una declaración ante el juez Mario Carroza, reconoció el encuentro, pero descartó que el tópico de discusión haya sido derrocar al presidente recién electo.

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"Se comentó la circunstancia de haber sido electo un presidente comunista en un país democrático, pero en ningún caso se pensaba en un Golpe de Estado o algo parecido", dijo ante la justicia, en declaraciones recogidas por Ciper Chile.

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Sin embargo, los documentos desclasificados por Estados Unidos, revelan que en el encuentro entre Helms y Edwards se discutió el  "timing para una posible acción militar".

Colegio de Periodistas: Queda en los registros de la historia de Chile el oscuro legado de Agustín Edwards Eastman

Ante el fallecimiento del propietario del diario El Mercurio, Agustín Edwards Eastman -y dada la gravitación pública que alcanzó en el devenir del último medio siglo en Chile, así como en el ejercicio periodístico nacional-, el Colegio de Periodistas de Chile expresa:

 Quedará en los registros de la historia de Chile el oscuro legado que Agustín Edwards Eastman dejó, tanto por sus acciones personales como por su manejo de las empresas periodísticas que controló, las que fueron el soporte comunicacional de la conspiración contra el sistema democrático al servicio del golpe militar, que ensombreció Chile a partir del 11 de septiembre de 1973 e instauró la dictadura cívico-militar que sobrevino, con su secuela sistemática de violaciones a los derechos humanos y que fuera ampliamente respaldada por El Mercurio y sus medios asociados.

–         El falseamiento y la desinformación acerca de los crímenes cometidos por los organismos de seguridad de Pinochet, tanto como el lenguaje de permanente menosprecio y sarcasmo que los diarios de Agustín Edwards Eastman emplearon para referirse a los detenidos-desaparecidos, torturados, exiliados, exonerados y, en general, a las víctimas del régimen militar, llevaron al Tribunal Nacional de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas de Chile a aplicarle, en mayo de 2015, la máxima sanción posible prevista en nuestro Estatuto, para quienes infrinjan gravemente los preceptos de la ética periodística: la expulsión.

–         En tal sentido, el Colegio de Periodistas de Chile es la única institución en el país que tomó una medida sancionatoria de ese nivel contra Agustín Edwards Eastman, como un imperativo moral para reivindicar el ejercicio ético del periodismo en los medios de comunicación y también como una forma de atenuar en algo el daño causado a las víctimas y familiares de tantos chilenos y chilenas.

–         Como orden profesional comprometida con las libertades de expresión y prensa, y el derecho a la comunicación, así como con el ejercicio ético y responsable del periodismo, creemos que este momento debe servir de reflexión al país para esforzarnos colectivamente en lograr una sociedad más libre, equitativa y consciente, y también un periodismo cada día más comprometido con los genuinos intereses de todos los chilenos y chilenas, en un marco democrático y de respeto a la dignidad de quienes habitamos esta nación.

–         La muerte de Agustín Edwards Eastman no nos produce satisfacción alguna, y por lo mismo, en contraste a la indiferencia que él mostró frente a los horribles crímenes que sacudieron a Chile, empatizamos con el dolor de sus deudos.

Alumnos y ex alumnos de Comunicaciones UC en picada contra decano por obituario de Agustín Edwards en El Mercurio

Un grupo de estudiantes y ex alumnos señaló enfáticamente que el empresario “fue parte de todo un entramado político y empresarial cómplice pasivo y activo de una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica”.

Luego de que la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica publicara un obituario en homenaje a Agustín Edwards, que supuestamente representaría a profesores, alumnos y ex alumnos de la institución, una carta salió a mostrar que no todos se sintieron identificados con el texto. 

A través de una carta, estudiantes y ex alumnos de la Facultad de Comunicaciones UC sostuvieron que “una figura tan compleja en la historia de Chile merece una reflexión mucho más profunda. Está suficientemente acreditado que Edwards Eastman participó activamente en el derrocamiento del gobierno democrático de Salvador Allende, mantuvo vínculos con los servicios de inteligencia de Estados Unidos y fue parte de todo un entramado político y empresarial cómplice pasivo y activo de una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica”.

Además, según consigna El Mostrador, han intentado conseguir firmas en apoyo, a través de Change.org, a la carta abierta de los alumnos.

“El rol de El Mercurio, que Edwards Eastman lideró por más de 40 años, que encubrió e invisibilizó la situación de miles de compatriotas que sufrían vejámenes a los Derechos Humanos son también parte de su biografía. Nos permitimos recordar que entre esos miles de compatriotas, hay detenidos desparecidos estudiantes de Periodismo y Cine de la Universidad Católica”, manifestaron.

Por último, cuestionaron que “una facultad que pretende ser líder en el campo de las Comunicaciones debe promover la reflexión crítica, cuestión que, creemos, en este caso ha quedado relegada peligrosamente por otros intereses”. Las críticas apuntan al decano Eduardo Arriagada, quien también sumó otro obituario de Edwards a nombre personal.

Autora de "Los Agustines" advierte que El Mercurio está en decadencia y que "el poder" que significaba en sí mismo Edwards no fue heredado a sus hijos

A juicio de la periodista Nancy Guzmán, el diario de la familia Edwards "se volvió torpemente propagandístico".

"El Mercurio ha ido cambiando muchísimo, volvió a ser un diario torpemente propagandístico de un sector mucho más restringido hoy día, que es la derecha más dura y uno lo puede ver en los reportajes, lo puede ver en las páginas sociales", sostuvo Nancy Guzmán, autora del libro "Los Agustines".

En entrevista con Radio Cooperativa, la periodista sostuvo que el diario de la familia Edwards vive "una decadencia" que va de la mano en la incapacidad que tuvo Agustín Edwards de heredar "el poder" a sus hijos.

"Las páginas sociales son una excelente lectura de la realidad y de lo que trata de exponer El Mercurio, es curioso y uno puede verlo, analizarlo y se da cuenta que ese proceso de dar una imagen más democrática, más amplia y más pluralista se acotó", afirmó Guzmán.

Para la profesional, El Mercurio "viene hoy día a esta sociedad que empieza también a cambiar de otra manera y ya viene esta situación de choque en un momento además que los medios escritos pasan en el mundo por una crisis".

En ese sentido, dijo que "es una incógnita" el futuro del diario, ya que "está en una decadencia que se va a agudizar, porque de todas maneras Edwards en sí era un poder y ese poder no lo pudo heredar a sus hijos".

Leer: "Los Agustines": El libro que revela el poder de los Edwards en las sombras

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