BBRAVISSIMO

La irresponsabilidad empresarial
y el desprecio por el consumidor
en este país, supera ya lo tolerable:
Ahora pillaron a una supuesta
compañía de servicios alimenticios,
cuyos helados son sazonados nada
menos que con insectos rastreros.

Por Osvaldo Pino Tovar

Con los calores de este verano que se une a un consumo promedio anual de ocho litros de este alimento, generalmente lácteo, por persona, Chile es el mayor consumidor de estos helados en Latinoamérica. Una tendencia que hace importante la fiscalización de las condiciones de preparación, transporte y venta de productos que al ser congelados, tienden a descomponerse con facilidad y ante el menor descuido del personal encargado de su manipulación.

En este marco, la Seremi de Salud de la Región Metropolitana detectó la presencia de cucarachas, tanto vivas como muertas en la bodega y zona de elaboración de los helados de la marca Bravissimo de su importante local del paseo Estado, que alguna vez albergó a los desaparecidos cafés Paula.

La oficina indicada prohibió su funcionamiento, pero la verdad es que el ministerio de Salud debería ponerse más serio y aplicar sanciones más duras, pues es indudable que estamos ante un delito. La presencia de estos bichos con y sin vida, indica que obviamente no se trató de una casualidad o de un accidente, sino de su presencia en el lugar en forma habitual.

Y este hecho no tiene nada de chistoso: Las cucarachas están asociadas a diversos riesgos para la salud, ya que son portadoras de diversas bacterias y enfermedades, como es la salmonella o la gastroenteritis, entre otras. Además, son la causal de diversas crisis asmáticas por sus desechos. Se reproducen rápidamente, por esto la detección temprana y el control de esta plaga es fundamental, cosa que no se hacía en esta heladería. Y la madre del cordero de la anomalía está a la vista: Además de su rápida reproducción, gozan de una gran resistencia natural a su exterminio que las convierte en plagas difíciles y caras de extirpar. Por eso algunos empresarios prefieren ahorrarse ese dinero porque ellos se cuidan mucho de consumir los alimentos que expenden.

Todo esto hace que en base a la débil y permisiva legislación actual, la empresa se exponga a sanciones que fluctúan entre la limosna de 0,1 hasta mil UTM, poquito más de 46 millones de pesos en este último caso. En realidad, una bicoca por envenenar a la gente, porque si bien es cierto que las también llamadas baratas tienen muchas proteínas, con sus patas arrastran microorganismos causantes de infecciones como ya hemos visto.

En el local de Estado hubo un Paula, lugares que aparecieron en 1946. Sus iniciadores fueron los primos Guillermo y Leopoldo Knapp (emigrados de Alemania y ambos fallecidos). "Ellos detectaron que Santiago no tenía buenos cafés", dijo alguna vez Cristián Cáceres, que fue gerente general de la empresa. Entonces, compraron una pequeña pastelería ubicada en el Pasaje Matte. Mantuvieron el nombre y se lanzaron a la aventura. Otro alemán, Carlos Floh le dio sabor a 86 variedades de pasteles y más de 67 tipos de tortas. Luego vinieron los helados, incluidos los primeros sin azúcar para los diabéticos de la plaza.

Al morir los dueños originales, sus herederos alemanes se echaron todo el dinero al bolsillo y huyeron a Europa sin pagar un peso a los empleados, entre ellos, garzones con décadas de trabajo en estos salones. Incluso, algunos se quedaron sin jubilación.

Después aparecieron los bancos en estos sitios y en otros los Bravissimo con sus malas costumbres.

El secretario regional ministerial de salud, Carlos Aranda, pidió a los consumidores a "poner atención al momento de comprar este tipo de productos, ya que un estudio de vigilancia microbiológica que se realizó el 2016, arrojó que el 79% de las muestras no cumplían con las normativas sanitarias, ya que presentaban un alto conteo de bacterias".

Además, el funcionario sugirió que los clientes se fijen en "la presentación personal e higiene de quien los atiende” e insistió en que “la temperatura de los helados debe mantenerse en alrededor de -10ºC, las cucharillas deben ser lavadas con agua potable corriente, no estancada, y la barquillería y contenedores tienen que estar limpios".

Esta irresponsable compañía es de propiedad de Guillermo Prieto y Julio César Inostroza y se basa en la mentira que usan muchos: Que vende helados artesanales. Ellos se inclinaron por el uso de cucarachas para batir la leche. Sale menos costoso. Incluso los bichos deberían ser contabilizados por los sistemas computacionales que usan, aunque no dicen si lo harán. Eso sí, están muy orgullosos de sus ventas y Prieto alega: "El sistema computacional involucra un mayor dinamismo y rapidez en el pago de remuneraciones, evita errores y deficiencias en los pedidos de los clientes, pues los garzones utilizan comandos electrónicos y el empleado trabaja menos y optimiza su tiempo", afirmó.

Lo malo es que nadie se preocupa de la higiene de estos helados. Ni siquiera la publicidad de la firma.

Realmente impresentable.

ClariNet