CJILEXPRESS

El estúpido, pero no por eso menos
criminal atentado por mensajería
que sufrió el presidente del directorio
de Codelco, Óscar Landerretche, en
su hogar de La Reina, tiene un daño
colateral que obliga a abrir un debate
sobre los usos y procedimientos de
estas empresas de
mensajería privadas.
 
 
Por Osvaldo Pino Tovar

De acuerdo a las investigaciones, el paquete que contenía el artefacto explosivo que detonó en las manos del funcionario (que siempre tiene pega gubernamental), permaneció durante 24 horas en la oficina de la firma Chilexpress donde fue contratado su envío.

Se señala que el día jueves 12 de enero un desconocido llegó hasta la sucursal ubicada en la comuna de San Joaquín para enviar lo que parecía ser un libro.

Por supuesto que en sus locales pequeños, Chilexpress no tiene aparatos de rayos X ni nada por el estilo.

Se supone que los empleados, mal pagados y explotados, deben ver lo que reciben. A veces lo hacen, especialmente cuando algún cliente a simple vista, no les cae simpático. Generalmente ni se fijan.

Como se contrato para una entrega dentro de la ciudad, el paquete fue entregado un día después a su destinatario, quien creyendo que era un regalo, lo abrió feliz. Si los terroristas no fueran torpes y limitados, lo pudieron mandar al otro mundo.

También corrieron peligro los empleados en San Joaquín, quienes lo recogieron y lo llevaron  a la central para el envío a su destino y hasta el cartero que lo entrego. Fueron muchas personas y ¿qué hace Chilexpress?

Hasta ahora nada coherente ni eficaz. El atentado, afortunadamente, corrió por cuenta de un supuesto grupo de patudos absurdos y malos del coco, que se hacen llamar Ecoterroristas Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS), el mismo lote que el año pasado amenazó a académicos de la Facultad de Ciencias, Física y Matemáticas de la Universidad de Chile. No aclararon si como individualistas, son partidarios del Piraña.

Regresando a Chilexpress, sus dueños principales son la familia Ibáñez – no la del General de la Esperanza, sino la de Pedro, el empresario porteño que en los años de 1940 partió con el café Tres Montes e importó la modalidad comercial de los supermercados (con los fallecidos Portofino) y ahora andan ganando unos pesitos con la mensajería. Aparece al frente del directorio Juan Eduardo Ibáñez Walker; el vicepresidente es Rafael Wilhelm Matthei y los directores Fernando Alcalde Saavedra:  Andrés Jana Linetzky;  Juan Eduardo Ibáñez Barros y Felipe Pérez Walker.

Funge de gerente general Alfonso Díaz Ibáñez y en asuntos legales y contraloría, Cristóbal Lyon Labbé, quien no ha revelado si se querellará o no contra los irresponsables que le pagan el sueldo.

Chilexpress apareció en 1989 en torno a la privatizada y rápidamente quebrada estatal de las comunicaciones Telex-Chile. En 1990 se unieron a la transnacional Western Union, para habilitar los servicios de envíos internacionales de dinero. Sin embargo, la central de Agustinas con Bandera, durante diciembre no paga giros para no gastar mucho dinero.

Su falsa publicidad indica que mantienen “un foco permanente en tres factores clave: Rapidez, cobertura y confiabilidad. El uso de tecnología de punta y el énfasis en la calidad de servicio nos permitieron alcanzar una posición de liderazgo en la industria”. No explican si tienen una rama aparte dedicada a los atentados que a los Ibáñez les gustan tanto. En la década de 1960, el Portofino del Barrio Alto, fue asaltado por otros locos, de un grupúsculo que se hacía llamar MR-2.

Lo que si está claro, que los chiquillos Ibáñez tienen amigos influyentes en la CIA y prueba de eso es que desde 1999, lograron una “alianza con el gobierno de Estados Unidos para el procesamiento, admisión y distribución de visas”.

Tal vez extendieron los servicios al transporte de bombas caseras.

Incluso confiesan que en el “2013 y 2014 constituimos dos filiales de Chilexpress en Estados Unidos para potenciar el desarrollo y expansión de nuestros servicios internacionales, a las que se suma la adquisición y puesta en marcha de un centro operativo y oficinas en Miami, Florida”. Los cubanos gusanos deben estar felices.

Ahora en el caso de este último atentado, el comunicado difundido en internet y donde se atribuye la autoría del atentado, fue subido a la red desde Grecia. No queda claro si lo hizo Chilexpress.

En todo caso es un tema que da para mucho debate y una polémica seria:

¿Quién responde por lo que dejan de hacer, en materia de seguridad, estas empresas? Y tampoco hay que olvidar que hay cosas que se hacen por acción y otras, por omisión.

ClariNet