CUELLO-BLANCO8

En Chile, el mejor
negocio es ser corrupto
de cuello blanco.

POR HUGO LATORRE F.

Si usted roba  coludido con poderes notables, entonces puede llevarse para su casa un buen trozo de Chile o el ingreso de cientos o miles de chilenos, o bien puede entregar riqueza de nuestro suelo, de nuestra naturaleza, de nuestro mar o nuestros bosques… y de seguro usted quedará libre de culpas.

Y si de casualidad lo condenan, será para que pase unas largas vacaciones en sus haciendas, en su palacete, cuidado por su atenta y sacrificada familia, la que se verá premiada de poder regalonearlo y manifestarle gratitud por la suculenta herencia que les dejará el día que Don Sata lo llame a  habitar en su calefaccionado reino.

Esto ya lo hemos podido apreciar hasta la náusea: desde los “pinocheques”, caso Rigg, caso Banco de Talca, caso Chispas, Inverlink, la Polar, las farmacias, los pollos, el papeleras, caso Penta, caso Soquimich, caso apropiación de CAP, casos de lucro en las universidades y colegios, caso Longueira, “milico gate”, “paco gate”, y un largo etc., en que los acusados y consabidos culpables, cuando mucho, se llevan unas condenas que más parecen premios.

Las más de las veces, la ley resguarda estos sucesos delictuales con un manto de ambigüedad, de contradicción o de flagrante discreción, como para que cualquier abogado, fiscal o juez se sienta en la “libertad” de sentarse en las pruebas objetiva y dictar juicios o discursos que propicien una sentencia ad hoc a la importancia de los caballeros, tan alevosamente perseguidos por esos tenebrosos enemigos de lo establecido.

En los Estados Unidos, que tampoco lo podemos presentar como país  con muchos remilgos morales, en el caso de las estafas bursátiles de empresas, los ejecutivos culpables fueron llevados a la cárcel (ENRON y otras). Claro que ahora, en el caso de la crisis subprime, el sistema dejó incólumes a sus culpables, y no sólo eso, también los premió con la inyección de miles de millones de dólares, de todos los ciudadanos, para salvar el pellejo de un montón de pillos y sanguijuelas. Eso les costó el 40% al 60% de sus ahorros a los pensionados de ese país. Es decir, el estándar jurídico y de justicia, en vez de superarse, va decayendo de manera vertical.

Si uno ve otros países, que si bien no son espejos de pulcritud, al menos  tienen la precaución de no parecer tan descarados como se presentan los poderes fácticos en Chile.

En Brasil todos saben que el presidente es un ladronzuelo, junto a el grueso del parlamento… no lo pueden sacar  porque la decisión depende de un Parlamento, habitado por un aquilatado gremio de hampones, pero le cantan en su cara que es un bandolero; lo mismo pasa en Venezuela con Maduro y Diosdado; en Perú se echaron a Kuczynski y tienen preso a Humala, también Toledo anda prófugo y a Fujimori le tuvieron muchos años tras las rejas.

Es que quienes nos gobiernan, desde hace más de 40 años, vienen marcados por la impronta del poder por el poder, es decir, que desde Pinochet hasta ahora creen que “El Estado soy yo”.

Toda esa teoría del Estado como organizador del bien común y administrador de la sociedad democrática, ha pasado a ser un “cuento del tío”.

Hoy por hoy, son discípulos de Portales, pero en el sentido que señala que la Constitución es una carajita que debe ser violada muchas veces, también en el sentido “Huxleyriano” de un “mundo feliz”, pero para los que pujan fuerte; del poder en sentido de Foucault, es decir vigilando y castigando, o manipulando, como lo dictó Le Bon, lo anunció Ortega y Gasset y confirma Gilles Lipovetsky en “La era del vacío”; y por el otro lado, el multimillonario Buffett Warren, quien ha reconocido que la lucha de clases la ganaron finalmente los más ricos y la perdieron los proletarios del mundo.

Por tanto, reclaman el “derecho a pernada” ante los capitales sociales (fondos de pensiones) que transitan por los recovecos y pliegues del orbe, sin que nadie sepa bien lo que con ellos se hace, excepto -claro está- un grupo que maneja los resortes universales del poder y del dinero.

Como toda esta gente llevan impresa la marca reptiliana en su cerebro, se van fagocitando unos con otros, hasta que van quedando cada vez menos ricos, pero que son cada vez más ricos; los otros van pasando a los escalones de más abajo, aunque raramente caen de la escalera que los lleva al cielo y como canta la lírica, suben al mismo cielo, pero por la escalera cortita.

Mientras acá, nos presentan un show de muchos años, donde los enjuiciados son paseados entre fiscales, tribunales e Impuestos Internos. Se dan sentencias al boleo y penas que no existen, hasta que se baja el telón y al fin del día emerge el típico ratón, luego de los “partos del monte”. Nada. NO PASA NADA porque se acaba la fiesta y como cada uno es cada cual, vuelve el rico a su riqueza, los demás vamos subiendo la cuesta, y el señor cura vuelve a sus misas.

En fin, en Chile se ejerce indudablemente justicia: pero con las cartas marcadas.

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