EL-MAR

Depredación y
Abandono actual

Por Miguel Díaz Gacitúa*

El mar de Chile es una parte de la inmensa matriz natural que ha hecho posible la vida de los chilenos. Sus aguas han regulado nuestro clima central por el llamado Anticiclón del Pacífico, un sistema de temperaturas, humedades y vientos marinos que producen las anheladas lluvias y nieves en nuestra superpoblada zona central.

Desde tiempos ancestrales sus miles de peces y demás frutos del mar alimentaron su población hasta el siglo XX. Su belleza costera ha acogido a miles de personas y a nuestros grandes poetas: Neruda, Huidobro y Nicanor Parra, mirando siempre al mar.

En él existía en el pasado una gran y valiosa diversidad de vida. Diariamente, cual manos maternas, sus mareas han limpiado el agua de miles de estuarios de ríos, han producido sal y son hogar de millones de aves marinas migratorias. Es el Mare Nostrum de O’Higgins, la querida tumba de Prat, casa de pescadores y lugar de vida de nuestros grandes marinos.

Sin embargo, a pesar de todo eso cuesta entender el infinito maltrato dado a esta parte de la casa común de los chilenos.

Entre los siglos 18 y 19 los balleneros extranjeros, principalmente norteamericanos,  capturaron a sangre y fuego cerca del 95% de las ballenas existente en el mar de Chile. Entre 1910 y 1969 más de dos millones de ballenas de diferentes especies fueron cazadas en Chile, usando para ello arpones que al penetrar la carne explotaban dentro del animal. Una matanza colosal e inmisericorde de estos maravillosos seres vivos que poblaban esta porción del Finisterra.

De igual forma, en esos siglos, hasta el XX, los loberos ingleses y norteamericanos mataron a palos al 95% de los lobos chilenos, incluyendo a los de Juan Fernández. Unos 5 millones de individuos  fueron muertos a palos en esas islas, para arrancarles la piel. A la par, decenas de barcos hedían insoportablemente con sus bodegas atestadas de millones de pechugas saladas de pingüinos de las más variadas especies, muertos a palos y despellejados sin misericordia. En las islas chilenas continentales y sub antárticas la sangre escurría a borbotones en la época de caza, tiñendo el blanco inmaculado de aguas, nieves y hielos.

Las potencias extranjeras como Inglaterra, USA, Noruega, Japón cazaban sin ninguna restricción en nuestros mares, llevándose el tesoro animal y dejando sólo cementerios de gigantes huesos, y la profunda tristeza de los sobrevivientes: todos animales sintientes, con familias, sistemas de comunicación y comunidades abatidas.

Se ensañaron tras el dinero con el mar de Chile y sus seres vivos. Todo ello para lucrar con el aceite destilado de estos millones de cuerpos de Leviatanes, para alumbrar las calles del naciente capitalismo industrial de USA y de la vieja Europa, con el espermaceti extraído desde el cerebro de miles de Moby Dick.

Tantos animales marinos fueron muertos, que por sobreexplotación el negocio se puso malo y las numerosas flotas y puertos balleneros fueron abandonados.

Las industrias elaboradoras de detergentes a partir de la grasa de ballena, que habían surgido como la espuma, tuvieron que cerrar. La caleta Quintay, entre otras, fue la muestra más emblemática de ese sangriento período en la zona central de Chile. Su playa era una sopa roja espesa y aceitosa por la sangre y restos de ballenatos nonatos muertos tirados al mar desde el vientre de sus madres capturadas.

¿Qué hicieron los Estados y gobiernos chilenos en esa época? Lo mismo que los gobiernos neoliberales de ahora. Lamentarse, legislar inocuamente y ser obsecuentes con el capitalismo salvaje de su época. A este período sangriento el Progresismo Político chileno le llama el Mar Rojo, por los millones de litros de sangre que se mezclaron con el agua marina en estas monstruosas matanzas.

¿Qué quedó para Chile después de todo ese holocausto? Sólo pobreza y alguna que otra leyenda, un mar destruido y una gigantesca tarea restauradora a desarrollar, sin dinero por cierto, para apoyar la reconstitución natural de esos ecosistemas y dolientes seres vivos.

En los recientes años 60 el sabroso erizo se encontraba en los fondos marinos costeros desde Arica hasta Cabo de Hornos. Actualmente sólo se encuentra en ínfimas cantidades desde Chiloé al sur. Millones de almejas eran extraídas en el mar de todo Chile, qué decir de las machas y el loco. Res nullius, animales bravíos, bienes muebles dice el conservador Derecho chileno legitimando con ello este inmenso daño animal.

Actualmente estas especies animales marinas se encuentran exiliadas a unos pocos lugares del país y mal protegidas por una tímida declaración de veda, o en áreas de manejo y débiles áreas marinas fiscales.

Durante los últimos 50 años unos pocos empresarios han expoliado los peces y mariscos del mar de Chile hasta reducirlos a la extinción. En estos años neoliberales de derechas a izquierdas, sistemáticamente se han exportado más productos del mar chileno que los que consume su población. Una de los pueblos más mal nutridos del mundo, con altos índices de obesidad y enfermedades cardiocirculatorias, entre otras cosas, por falta de consumo de pescado y el famoso Omega 5. En el último decenio la proporción consumo interno versus exportación ha sido de un 20%, es decir de cada 10 pescados 8 se exportan.

Durante la temprana república era completamente al revés, se pescaba para el consumo interno. El capitalismo neoliberal y la desidia institucional chilena moderna ha permitido una profunda depredación marina. La centolla, el cangrejo dorado, el erizo, el loco, la macha, la almeja, el chorito, la cholga, el choro zapato, la lapa, el guepo, el caracol malacate, la ostra, el ostión, la navajuela son parte del este inmenso holocausto marino para el bienestar de las elites. Estas especies han sido relegadas a lugares de exilio y han desaparecido de la mesa popular. A este periodo le llamamos el Mar Desierto, porque cada criatura marina de sus fondos ha sido arrancada de sus hábitats y exportada por la codicia humana, principalmente para sobreconsumidores extranjeros.

A aquella columna de agua marina profunda, más allá de la playa, la zona demersal, donde aún sobreviven millones de peces libres, no le ha ido mejor. Allí habitaba la albacora, la pescada, la corvina, la anchoveta, la sardina, el jurel, la reineta, la jibia, el calamar, el bacalao de profundidad, la merluza austral y en la Antártida el krill.

Actualmente 19 de las más importantes pesquerías que allí habitan están sobreexplotadas, al borde de la extinción. Al ser estas especies piezas claves en el equilibrio ecológico de estos ecosistemas, su progresiva extinción impacta en cascada sobre otras especies relacionadas y en todo el mar como un ecosistema global.

En virtud de la llamada Ley de Pesca Longueira, corruptamente creada en el primer gobierno del presidente Piñera, unas cinco ricas familias chilenas son actualmente las propietarias de esta inmensa masa de seres vivos desesperados que van quedando, que pretenden explotar hasta su total extinción.

El rol del Progresismo en la Conservación

El Consejo de Pesca, un organismo estatal-privado chileno, que regula y administra la pesca sustentable, es la muestra viva de la inoperancia. Sus miembros científicos invariablemente han alertado sobre los efectos altamente destructivos de la actual explotación del mar, pero los otros miembros, por razones políticas, muchas veces corruptas, han torcido la razón científica dando luz verde a este holocausto marino privatizador.

Lo peor, es que el sector pesquero le proporciona al Estado un ridículo ingreso en impuestos de sólo 78 millones de dólares al año (2018). Casi todo el pescado de mesa capturado es exportado y el resto transformado en harina de pescado y aceite. Insumos, cuyo costo ambiental es infinito, porque implica anualmente la muerte de millones de anchovetas, jureles y sardinas, que son piezas claves para el mantenimiento de importantes poblaciones de aves y mamíferos marinos. Harina y aceite que termina siendo exportado y usado para malcriar cerdos, salmones, gallinas y otros animales industriales contra los cuales se ejerce una gran violencia en su crianza. Criados en condiciones infrahumanas y con gran contaminación sanitaria y efectos nocivos en la alimentación de los humanos.

Asimismo, la pesca con redes de arrastre y el palangre, son sistemas que barren completamente el fondo marino atrapando todo lo que allí existe, redes que cuando son levantadas atrapan millones de aves marinas que mueren desnucadas. El principal factor de daño a decenas de especies de aves marinas existentes en Chile, son estos métodos de pesca usados por las empresas chilenas. Es tal la depredación del mar que ella está afectando por hambre la supervivencia de hermosas especies en alto peligro de extinción, como el pingüino de Humboldt, cuya población ha caído más del 70% el año 2018. En el caso de la pesca de krill antártico, afecta a los delicados mamíferos marinos y ballenas que allí circulan, y a millones de aves marinas que de él se alimentan. Este pequeño langostino es la pieza clave sobre la cual está asentado el delicado equilibrio ecológico antártico, la tierra por la que tanto luchó O´Higgins.

A este periodo del mar chileno le llamamos el Mar Silencioso, por la transformación del mismo en un desierto de vida debido a la brutal sobrexplotación de sus creaturas vivientes que lo habitan.

El mar chileno es hoy también un inmenso depósito de basura. Los vertidos sin tratamiento desde las ciudades e industrias, las sentinas de barcos inescrupulosos, el plástico vertido desde dentro y fuera de Chile, son sin duda una gran amenaza vigente.

En la periferia de la Isla de Pascua hay una inmensa isla de plástico de basura, de colosales dimensiones, formada por las corrientes marinas convergentes sobre este territorio. De vez en cuando la mítica ave Manutara, hoy exiliado de Rapanui, se posa sobre montículos de botellas plásticas.

En la fosa marina abisal de Atacama, una de las más profundas del mundo, con 30 mil metros de profundidad, no hay lugar de su fondo donde no haya basura. Pero quizás lo más grave, por su impacto sobre la vida, es la basura que cae desde las jaulas salmoneras hacia el fondo marino, ahora ya en casi toda la Patagonia. Cientos de toneladas de pellets de alimento, miles de toneladas de caca de salmón, restos de redes, de implementos, han terminado por matar todos los ancestrales residentes de esos fondos.

Es la transformación del rico fondo marino en extensas planicies de fango podrido que consume el oxígeno y alienta las mareas rojas tan abundantes hoy día. Algo que la naturaleza construyó por miles de millones de años, el lucro salmonero extranjero lo ha destruido en un par de décadas. A esto le llamamos el Mar Basural. Y las Derechas e Izquierdas han sido promotoras de este desatino moderno.

Visto en perspectiva, gran parte de la relación de las elites chilenas con el mar de Chile ha sido de sobreexplotación y altamente destructiva. Sin embargo, hay algunos hechos en contrario que es necesario resaltar.

Le llamamos el aporte Progresista a la Conservación marina, porque ha recogido el clamor científico y humanista de la ciudadanía culta sobre la necesidad de cuidar el mar.

En ese camino es destacable la Declaración de mar patrimonial de 200 millas costeras de 1947, firma del Tratado Antártico en 1959 mediante el cual muchos países pusieron coto a la depredación de esos mares. Luego, la Convención para la Conservación de las Focas Antárticas de 1972. La prohibición de caza de ballenas en 1983, la ley de tratamiento urbano de aguas servidas de 1887, la veda de caza de lobos marinos en 2004, la creación de áreas de manejo marinas 1991, la rebelión popular contra la Ley Longueira de 2017-18,  entre otras.

El Progresismo ha estado siempre impulsando una mejor y humanista calidad de vida en el país. Sin embargo, muchos de esos esfuerzos han sido tardíos y parciales, sólo mitigadores del inmenso daño producto de la incapacidad histórica de conciliar adecuadamente la conservación del medio ambiente con el desarrollo de la sociedad chilena.

En estos tiempos de cambio climático, que agrava las cosas, porque está subiendo la temperatura del agua y las grandes corrientes marinas, es necesario corregir para siempre los factores de destrucción enunciados con el fin de recuperar el mar para los chilenos y preservar esta parte de la matriz natural del país.

Entre estos: terminar con el irrespeto por la vida animal expresado principalmente en la pesca irracional y desmedida actual, la ignorancia actual sobre los seres y ecosistemas marinos que exige aumentar varios cientos de veces la investigación, una institucionalidad añeja extractivista que exige a gritos ser refundada: Subpesca, Sernapesca e Ifop hacia una de tipo conservacionista, el fortalecimiento de la conservación de áreas marinas continentales (y no sólo aquellas ubicadas en lejanas islas oceánicas), el establecimiento urgente de planes de conservación en la tierra de O´Higgins en la Antártica chilena. El Progresismo está llamado a detener este inmenso holocausto que tiene múltiples facetas y a conservar para siempre esta enorme herencia natural para… todos los chilenos.

*Médico Veterinario.

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