CUMBRE-DCEPCIONANTE

La cumbre del clima elude
acciones más ambiciosas
pese a la alerta de
los científicos.

Se consumó. La alianza entre EE.UU., Rusia, Arabia y Kuwait dio sus frutos. Las líneas rojas no fueron superadas. La conferencia del clima de la ONU aprobó ayer las reglas para la aplicación del Acuerdo de París, pero no se comprometió a incluir nuevos compromisos de acción climática, para reducir las emisiones de gases invernadero, pese a la urgencia en la actuación que han reclamado los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático (IPCC).

La decisión final de la conferencia reitera la petición de actualizar los compromisos de aquí al 2020 ya formulados en el Acuerdo de París; también habla de la “urgencia de una ambición creciente” pero sin calendario. El ritmo de la diplomacia y el consenso mundial (como requieren las normas de la ONU) va más lento que el calentamiento del planeta.

Hace unas semanas, los científicos del IPCC hicieron sonar la alarmas: en un mundo 2º C grados más caluroso (con respecto a las temperaturas de la época preindustrial) los impactos climáticos serían mucho más graves que con un aumento de 1,5º C, la meta ideal del Acuerdo de París.

Pero para contener este aumento en 1,5° C, sería necesario reducir las emisiones de CO2 en casi un 50% de aquí al 2030 con relación al 2010. Sin embargo, los compromisos actuales anuncian un mundo 3º C más caluroso, sometido a los riesgos de subidas del nivel del mar, sequías, inundaciones, merma de producción agrícola y sucesos climáticos extremos.

Acuerdo sin calendario

El ritmo de la diplomacia y el consenso mundial van más lentos que el calentamiento del planeta.

Con este precedente se esperaba unas respuestas políticas que incluyeran algún llamamiento a intensificar las acciones con vistas al año 2020 (cuando los países deben presentar sus nuevas acciones); pero tal compromiso no se produjo.

EE.UU., Arabia y Rusia rechazaron de plano la mención a la “acogida favorable” al informe de los expertos del IPCC. Y de aquí, a cortar de raíz toda nueva ambición climática solo había un paso.


Y en nombre del consenso

La secretaria ejecutiva del Convenio de Cambio Climático, Patricia Espinosa, quiso defender el acuerdo. “Como indica la decisión adoptada, existe un claro reconocimiento del papel del IPCC en proporcionar aportes científicos para informar a los países para fortalecer su respuesta a la amenaza del cambio climático”, subrayó.

Sin embargo, los resultados son un serio revés para numerosas delegaciones (sobre todo, los países insulares y más vulnerables) que esperaban que los países prometieran a revisar al alza de aquí al año 2020 sus compromisos con nuevas acciones contra el calentamiento.

En un contexto geopolítico poco propicio, los estados deberán sobre todo dedicarse a poner en práctica el reglamento con las instrucciones sobre cómo deben rendir cuentas los países sobre sus contribuciones de acción climática ante la comunidad internacional. No obstante, se han exceptuado de este manual las reglas sobre los futuros mercados de carbono (aún por definir, pese a la impaciencia de Brasil por irlos configurando).

Las implicaciones de este libro de las instrucciones de uso no son menores. En virtud del Acuerdo de París, los compromisos de los países para reducir las emisiones son voluntarias. Por eso, el control de sus acciones naciones requiere normas claras de transparencia (fiables, comprobables, verificables) por la comunidad internacional.

El reglamento establece cómo los países proporcionarán información sobre sus contribuciones nacionales (NDC, en sus siglas en inglés) que describen sus acciones climáticas internas, las medidas de mitigación y adaptación, así como detalles del apoyo financiero para la acción climática en los países en desarrollo.

No obstante, la información reclamada deberá ser entregada en el año 2024, lo más tardar; y habrá flexibilidad para las naciones menos adelantadas atendiendo a sus necesidades de ayuda.

Las directrices acordadas significan que los países ya pueden establecer los sistemas nacionales necesarios para implementar el Acuerdo de París a partir de 2020.

Los objetivos más ambiciosos han quedado fuera del acuerdo final

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, elegida como mediadora en las negociaciones, juzgó “muy importante” el acuerdo. Dijo que estas reglas permitirán hacer operativo el Acuerdo de París y “gestionar el proceso de aprendizaje” para lograr “un mundo seguro y descarbonizado a final de siglo”.

Pese a reconocer que no se ha logrado incorporar objetivos más ambiciosos a la luz del último informe del IPCC, Ribera subrayó que “el mensaje político que sale de esta reunión es muy positivo”. “En un momento en el que la comunidad internacional encuentra grandes dificultades sobre el terreno para avanzar en la agenda multilateral, cuando algunos líderes políticos presumen de su falta de confianza y de su voluntad de ruptura con respecto a la comunidad internacional, se impone la voluntad de seguir trabajando de manera cooperativa para que sea a través del sistema multilateral como se dé respuesta a los grandes retos globales”, destacó.

La financiación de las políticas climáticas fue otra preocupación de los países pobres, que pidieron una ayuda predecible a partir del 2025. Los gobiernos ya acordaron movilizar 100.000 millones al año para 2020 (fondos públicos y privados) y se fija un programa para ampliar esa cantidad para e 2025.

Algunos países como Alemania han anunciado nuevas contribuciones, incluido el Fondo Verde. Y el Banco Mundial ha prometido 200.000 mil millones para el período 2021-2025.

Además, los países más vulnerables siguen reclamando ayudas para cubrir los costes crecientes de las “pérdidas y daños” que sufren a causa de los efectos ya demostrados del calentamiento.

”Pero está claro que tendremos que ir más allá y hacer anuncios más concretos para convencer a los países en desarrollo de que recibirán apoyo en sus esfuerzos por lograr la transición con bajas emisiones de carbono”, dijo David Levaï, director del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, (IDDRI).

De manera más inesperada, entre los problemas que retrasaron el acuerdo estaba una cuestión altamente técnica: qué debería suceder con el mercado de créditos de carbono (artículo 6 de Acuerdo de París). El Acuerdo de París crea un mecanismo mediante el cual las actividades de mitigación que den lugar a reducciones de emisiones en un país o en un sector privado pueden ser utilizadas por otras partes que colaboran entre para descontar gases de su inventario de CO2.

Brasil hizo oír su voz, pues espera poder comercializar con estas reducciones de emisiones (evitadas) gracias a su gran cobertura forestal.

Algunas voces opinaban que la propuesta de Brasil en este punto podría conducir a que las reducciones de emisiones fueran contadas dos veces, por dos países diferentes (el originario y el que adquiere el crédito): una doble contabilidad que podría ser un fraude y desvirtuar la integridad del sistema. El asunto quedó sobre la mesa.

“Desde el comienzo de la Conferencia, se hizo evidente que esta era un área que aún requería mucho trabajo y que los detalles para poner en funcionamiento esta parte del Acuerdo de París aún no se habían explorado suficientemente”, se justificó Espinosa, directora ejecutiva del Convenio de Cambio Climático.

”Después de muchos intercambios ricos y discusiones constructivas, la mayoría de los países estaban dispuestos a ponerse de acuerdo e incluir las pautas para poner en funcionamiento los mecanismos de mercado en el paquete general”, añadió. “Pero desafortunadamente, al final, las diferencias no pudieron ser superadas”.

Los países acordaron finalizar los detalles de los mecanismos de mercado el próximo año con vistas a adoptarlos en la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), en Chile.

“Los estados han hecho progresos, pero lo que hemos visto en Polonia es una falta fundamental de compresión de las crisis actual”, declaró Manuel Pulgar-Vidal, portavoz de WWF.

Estados Unidos ha defendido con firmeza sus posiciones tradicionales, dicen los observadores. “El país con más emisiones de CO2 de la historia y el mayor productor de petróleo le dice a los países en desarrollo que ‘usted tiene las mismas responsabilidades que nosotros’, mientras bloquea el progreso en las transferencias de tecnología y el apoyo financiero necesarios!”, denunció Meena Raman de la ONG Red del Tercer Mundo.

Frente al vacío dejado por Estados Unidos, “China, le superado en velocidad”, declaró la ministra canadiense Catherine McKenna, valorando la flexibilidad mostrada por China.

En cuanto a Polonia, cuyo presidente defendió la industria del carbón durante la conferencia, no se salvó de las críticas. “Ya sea por el uso perverso de esta reunión como feria de muestras en favor del carbón o por la falta de interés en alcanzar decisiones ambiciosas, lo cierto es que no recordaremos este conferencia con cariño”, resumió Mohamed Adow, ONG de ayuda cristiana.

Juantxo López de Uralde, diputado de Equo, declaró:“Es inaceptable que los países petroleros hayan tenido tanta influencia en esta Confrencia y hayan imedido de avances más significativos. Hace falta mucha más ambición para hacer frente al problema del cambio climático reduciendo las emisiones. Solo nos quedan unos años y nada puede justificar más retrasos”.

Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, ha afirmado que “Esta cumbre climática es una gran decepción. Las decisiones y la acción climática de los gobiernos están cada vez más alejados de las demandas ciudadanas y los análisis científicos. Lo que piden millones de ciudadanos no son solo reglas técnicas, sino una alta ambición alineada con el informe de los científicos climáticos internacionales. Esta ambición supondría un mejor clima y grandes oportunidades económicas con millones de empleos de calidad”, añadió.

“La Unión Europea tiene su parte de responsabilidad por la debilidad del resultado. Con la salida de EEUU del Acuerdo de París y el bloqueo de países como Arabia Saudí y Brasil, la UE es la única que podría hacer avanzar las negociaciones frente al ‘trumpismo climático’. Lamentablemente, si bien España ha jugado un papel positivo en esta cumbre climática, la mayoría de los gobiernos europeos no han mostrado la suficiente ambición”, concluyó.

‘La conferencia no ha recogido la ambición necesaria acorde con el informe del IPCC ni los compromisos de los países para que aumenten la acción climática’, valora Tatiana Nuño, de Greenpeace. ‘Ahora, a nivel nacional el gobierno de Pedro Sánchez debe aprobar una ley y unos planes de energía y cambio climático para acelerar la transición energética y aumentar ambición’.

Algunas claves

1) Aumento de temperaturas. Las emisiones de gases invernadero ya han aumentado las temperaturas en aproximadamente 1º C desde el inicio de la era industrial, por lo cual los científicos apuntan que con los planes actuales el planeta se encamina hacia una subida de los termómetros de 3º C para finales de siglo.

Esto supone el más rápido cambio climático desde la última edad de hielo hace aproximadamente 10.000 años. Por eso, muchos delegados de las negociaciones son conocedores de lo poco que se está haciendo.

2) Acuerdo de París. El Acuerdo de París acordó limitar el calentamiento a 2º C (respecto a la época preindustrial) y proseguir los esfuerzos para que la subida quede por debajo de un aumento de 1,5º C. Los países asumieron presentar sus contribuciones o planes nacionales para mitigar o adaptarse al cambio climático. Sus nuevas contribuciones deberán ser presentarlas en el 2020 y deben ser igual o más ambiciosas que las ya contraídas (reducción de emisiones, menos uso la energía, acercar en el calendario el pico máximo de emisiones, fomento de las renovables...). La misión última es lograr la descarbonización de la economía al iniciarse la segunda mitad de siglo.

3) Rivalidad entre dos ‘imperios’. China y Estados Unidos han ahondado sus diferencias en la cumbre. Trabajaron juntos para sellar el Acuerdo de París de 2015; pero desde entonces, el presidente Donald Trump ha venido prometiendo que se retirará del acuerdo y que trabajará para impulsar el uso del carbón, el combustible más sucio.

China se ha vuelto a significar encabezando un grupo de países que exige más progresos a las naciones desarrolladas para cumplir sus promesas de financiación.

4) La posición de EE.UU. en la cumbre. Estados Unidos ha mantenido una posición extraña, ambivalente. Pese a que ha prometido retirarse del Acuerdo de París, ha participado activamente en la negociación. De hecho, su abandono del Acuerdo de París sólo podría materializarse en el 2020 (al cabo de 3 años desde que lo comunicó a la ONU).

“Estados Unidos participa porque sabe que, aunque ha anunciado que va a abandonar el barco, a lo mejor no lo hace; o se va y vuelve (si ganan los demócratas en el 2020). Por eso negocia, porque quiere influir sobre las reglas del Acuerdo de París; por si acaso”, analiza David Howell, responsable de políticas ambientales de SEO/BirdLife y portavoz de la coalición CAN-Europe.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20181215/453562969608/cumbre-clima-acuerdo-paris-reduccion-emisiones.html

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