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PLAN-AYSEN8

¿Abrirá espacio para que
la Patagonia se convierta
en una nueva zona
de sacrificio?

Por Andrés Gillmore

Desde 1989 a la fecha no ha habido Presidente de la República que no haya prometido un Plan de Desarrollo para Aysén y como la lógica manda, al visitar la región el Pdte Sebastián Piñera el fin de semana pasado entró en la misma lógica gubernamental.

Discursos van, discursos vienen y como siempre se utilizó la misma promesa para dejar tranquila a la población y permitirle a los funcionarios del gobierno regional, ir con el discurso a cuestas por varios meses, cuando se vean presionados por la ciudadanía y decir con convicción que se está trabajando en la propuesta, embolinar la perdiz, lograr titulares de prensa para demostrar que se está trabajando y tirar para adelante como suele ocurrir.

En una región que ha sido poco tomada en cuenta históricamente por los diferentes gobiernos y que solo se acuerdan de la región, cuando los intereses creados del mundo de las grandes transnacionales quieren intervenirla.

Con la experiencia de haber sido poblador de la cuenca del Baker al sur de Aysén por más de 30 años y desarrollado una infinidad de proyectos personales relacionados con el medio ambiente y las comunidades y haber sido presidente de Junta de Vecinos rural y de localidad, de Comités Campesinos, secretario y vocero de una Corporación por 14 años que trabaja por la sustentabilidad de las comunidades y el territorio, les puedo decir a ciencia cierta y de frente, que si no fuese por el esfuerzo de la iniciativa ciudadana, hace rato que la región de Aysén estaría más destruida y contaminada de lo que está en la actualidad y que no es poco.

Que a pesar de los grandes esfuerzos ciudadanos en los que he estado involucrado, los intereses de los diferentes gobiernos, de las empresas y las malas administraciones municipales, hacen que el esfuerzo se note pero no como debería y eso que la ciudadanía trabaja en su horas libres y sin remuneración alguna.

En la actualidad ante la irrupción de la Mega Minería del oro a la comuna de Chile chico, nuevamente se deja en veremos el desarrollo sustentable de la región de la comuna de Chile Chico y se desconsidera la proyección con la que cuenta en la actualidad Aysén y eso es en sí mismo más peligroso que lo que representó en su momento el proyecto hidroeléctrico HidroAysén.

En el último tiempo se ha ido avanzando hacia el capitalismo global como le corresponde al modelo neoliberal imperante.

Cuando pensábamos que habían temas que estaban superados como el de la sustentabilidad productiva y el de las Energías Renovables No Convencionales y la verdad que sin temor a equivocarme, lo que se puede percibir desde la llegada del Pdte Piñera y analizar la composición de sus ministerios, que más que avanzar en estos 9 meses, hemos retrocedido notablemente y el Estado ha entrado en un proceso de descomposición notable y ha estado cediendo parte importante de su soberanía en cuanto a decisiones socioeconómicas se refiere y en las regiones extremas esta debilidad se está notando mucho ante descompaginación entre lo que se dice y se hace.

En la actualidad nos encontramos con la triste realidad, que las empresas transnacionales han consolidado su dominio sobre los territorios y los han transformado en Zonas de Sacrificios y por lo que se ve, estos intereses están decididos a entrar en las regiones patagónicas en lo que a salmonicultura y minería se refiere.

Se sabe además que los forestales están en las mismas con relación a Aysén y el lobby es intenso para conseguirlo antes del fin del mandato del actual gobierno; porque saben que es la última frontera que les queda por intervenir.

El resto del país ya no es capaz de aguantar tanta depredación y contaminación al superarse las capacidades de carga y con creces.

Preocupante cuando vemos que Aysén y Magallanes están en la mira de estas transnacionales y que los intereses creados de este gobierno pujan asociadamente y que no dudaran en rediseñar las leyes ambientales para lograrlo.

Por ello, gran parte de las comunidades desde Los Lagos a Magallanes ven con tanta reticencia proyectos como el Puente del Canal de Chacao, la conección por Istmo de Ofqui o la pavimentación de la Carretera Austral; porque estas intenciones no están proyectadas para mejorar la calidad de vida de las comunidades y desarrollar sustentabilidad y si para hacer más fácil la llegada de las transnacionales y todo lo negativo que esto significa en términos de destrucción y contaminación del patrimonio social, cultural y ambiental de estas regiones.

El avance de los procesos de globalización económica y la expansión de las políticas neoliberales, han construido un entramado político, económico, jurídico y cultural, desde el cual las grandes corporaciones internacionales han resultado ser las principales beneficiarias en detrimento de las comunidades rurales.

Las compañías multinacionales han pasado a controlar la mayoría de los sectores estratégicos de la economía nacional, como la energía, las finanzas, las telecomunicaciones, el transporte urbano, la salud, la agricultura, las infraestructuras portuarias, aeroportuarias, el agua, los medios de comunicación y la alimentación y eso es complicado para un país chico y subdesarrollado como Chile, que puede ser engullido fácilmente por la globalización de los intereses creados del mundo de las transnacionales si se les deja a libre albedrío y nos transformaremos en subdesarrollados endémicos.

La crisis existencial que estamos viviendo como sociedad en la actualidad en todos sus niveles y sobre todo a nivel ético en forma y fondo, no ha hecho más que reforzar la capacidad que tienen las grandes corporaciones de influenciar políticamente y económicamente en nuestra sociedad y en la toma de decisiones de todo lo que este relacionado con los recursos naturales y no han dudado en manipular los servicios públicos y el mismo congreso, que ha dado como resultado que se entrometan en los mercados futuros de la energía, los alimentos, las patentes industriales y el acaparamiento de una gran cantidad de tierras para desarrollar proyectos tanto en la superficie como en el subsuelo.

Estos extraordinarios beneficios financieros que se han estado logrando a expensas de las Zonas de Sacrificio de nuestras regiones y por tantos años, no serían posibles sin la generación de toda una serie de impactos socio-ambientales que afectan directamente a las comunidades y los ecosistemas del territorio nacional, para producir al mínimo costo posible para lograr la máxima rentabilidad posible.

En estos últimos años hemos sufrido la caída de los niveles de consumo, el aumento del valor de los combustibles fósiles y el aumento del valor de las mercaderías en general, transformándonos en uno de los países más caros del planeta, con una ciudadanía que tiene que sobre endeudarse hasta 4 veces su sueldo para poder subsistir y eso es maquiavélico por donde se lo mire y por eso las grandes corporaciones han entendido este cambio en el escenario nacional y han puesto en marcha una estrategia para reducir aún más los costos de producción y han intensificado las ofensivas para lograr el acceso a nuevos negocios y nichos de mercado como lo estamos viendo en Aysén y Magallanes, que se han transformado en un gran objetivo para este seudo mundo desarrollista internacional.

En este agresivo contexto en donde los países subdesarrollados como Chile tienen todas las de perder ante la globalización y sobre todo ante la traición de muchos estamentos internos de nuestra sociedad, que han priorizado los intereses externos para obtener ganancias personales; los conflictos y la violación de los derechos humanos en términos ambientales y sociales se han estado multiplicando, posibilitando la irrupción de una gran crisis existencial en muchos niveles de nuestra sociedad, poniendo al crecimiento en las intrincadas luchas sociales, ante los impactos empresariales que continuamente se entrometen en el devenir cotidiano de las comunidades rurales.

Las grandes compañías multinacionales que operan en Chile, han estado elaborando estudios y análisis comparativos para vincular y justificar su presencia en los territorios y demostrar ideológicamente una pretendida “legitimación social” aliados con el actual gobierno, para posicionarse como un actor imprescindible y creíble para salir de la actual crisis existencial, presentando teorías revestidas de una seuda objetividad y neutralidad que no es tal. Pretendiendo demostrar que los impactos negativos en realidad son positivos y necesarios y que la culpa es de las leyes y no es de ellos, poniendo redundancia en aspectos como la transferencia tecnológica, la mejora de la provisión de bienes públicos y privados, el incremento del empleo y las mejoras salariales, el acceso de las mujeres al mercado de trabajo y el fomento de la inversión como motor de desarrollo.

Pero en la práctica lo arriba mencionado, es solo un discurso bonito y nada más. Hasta ahora las transnacionales no han contribuido en nada para mejorar la calidad de vida y del empleo de las regiones intervenidas y solo han traído contaminación y pobreza y no han realizado las inversiones que justifiquen su estadía en los territorios. Apenas han favorecido en algo muy menor en algunos procesos de transferencia tecnológica y no han proyectado el progreso y el bienestar para las comunidades regionales que prometieron y justificaron su llegada.

Junto con las consideraciones económicas existe toda una lista de graves y nocivos efectos sociales, políticos, ambientales y culturales asociados con la internacionalización de los negocios de las transnacionales en los territorio ayseninos y quienes realmente han salido ganando con todo esto, no han sido precisamente las comunidades, las mayorías sociales de la región o la proyección de futuro de los territorios. Si los dueños de las transnacionales beneficiarios de las rentas del capital y políticos y empresarios que han atravesado las puertas giratorias que conectan el sector público con el mundo transnacional.

Lo que asusta de un posible Plan Aysén diseñado por el gobierno de Sebastián Piñera, que a todas luces es de corte empresarial, con poca conciencia social y ambiental, que no habla de desarrollo y sí de crecimiento que es algo muy distinto; es que si finalmente escapa a la regla y presenta un Plan de Desarrollo para Aysén esta vez, este sustentado en los intereses de las grandes transnacionales que operan y de las que pretenden operar en la región y no este proyectado en los procesos internos de las comunidades y veamos un Plan que pretenda transformar a Aysén en una nueva zona de sacrificio ambiental.

Donde la pauta la marque el desarrollo salmonero, minero y forestal y nos obliguen a quitarnos la boina y terminemos usando un casco de seguridad de plástico; en total contradicción de lo que representa Aysén y su cultura ante si mismo, que ve en el respeto de su calidad ambiental y escénica como la base de sustentación de la proyección de la ganadería, la agricultura orgánica, la fruticultura y el turismo de intereses especiales. Todo lo que vaya en sentido contrario en Aysén no sirve y devela contradicción.

ClariNet