MARCAS-INCENDIOS8

Los incendios forestales que
aquejan nuestro país tendrán,
a mediano y largo plazo, una
serie de efectos y consecuencias
para los habitantes de las zonas
azotadas. Infraestructura, turismo
y sobre todo, la alteración de las
formas de vida de los
productores precarizados.

Por Victoria Viñals

Los múltiples focos de incendios forestales que han golpeado a Chile durante las últimas semanas, ya presentan las primeras repercusiones en la economía del país. Por cierto, esto se ha dejado notar no sólo por el gasto público que ha implicado el despliegue técnico de equipamiento y la manutención de los más de 10 mil en combate contra el fuego.

Estas primeras consecuencias tienen que ver, más bien, con que hasta ahora se han consumido más de 40 mil hectáreas de plantaciones forestales, la afectación de más de 100 viñas en plenos procesos productivos y la pérdida de la temporada turística más importante del año.

En el fondo de estas pérdidas, subyace la realidad de miles de pequeños y medianos productores que han visto cómo se ha afectado su capacidad productiva y cómo en definitiva, han perdido todo.

Si bien es cierto que los sistemas de producción son distintos en cada una de las macro zonas afectadas por el incendio, en el caso de Pumanque y sus alrededores se vive el caso más dramático, debido a que poseen economías muy vulnerables que no dependen del bosque, sino que de sistemas integrados de producción.

Se trata de productores que muchas veces tienen que estar endeudados con créditos para comenzar sus actividades agrícolas o pecuarias, y que no poseen seguros comprometidos como las grandes empresas y corporaciones forestales.

Roberto Garfia, experto en economía del sector y académico del Departamento de Ingeniería Forestal de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, explicó que este tipo de elementos productivos constituyen las llamadas “economías de subsistencia”.

En este sentido, el experto explicó que debería evaluarse  la posibilidad de poder postergar los pagos de esos créditos o de condonar deudas. Además aseguró que el problema no se resolverá con bonos y que urge generar nuevos mecanismos que permitan mejorar las condiciones de vida de los afectados.

“No se trata de darles bonos o subsidios como se hace ahora. Es una muy buena oportunidad, no para dejarlos igual como estaban antes, sino que para mejorar su producción. Son economías que en general su producción es de muy baja escala, tienen suelos muy empobrecidos y generalmente es de autoconsumo y algo de venta”, señaló.

Por su parte, el economista de Fundación Sol, Gonzalo Durán, explicó que estas catástrofes dejan en evidencia las contradicciones del modelo económico imperante.

“Estas catástrofes deberían llevarnos a esa reflexión más profunda, a preguntarnos si vamos a seguir insistiendo en este tipo de desarrollo que es al final de cuentas la cuestión de fondo. Hoy día hemos visto como los grupos económicos que están en la zona han dicho que van a reconstruir los aserraderos y que van a tratar de mantenerlas fuentes de empleo, cosa que mucha gente ha agradecido, pero aquí el punto de fondo no es ese. Debiese ser una estrategia de más largo plazo para ver como se hace para revertir una situación que es más bien estructural”, explicó Durán.

Según los datos analizados por Fundación sol, respecto a la encuesta Casen de la zona, más del 50 por ciento de quienes viven en las zonas afectadas por los incendios están bajo la línea de pobreza, lo que agudiza las contradicciones en un territorio donde los mayores propietarios e inversores son las familias Matte y Angelini.

ClariNet