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19-02-2010

Todo indica que el matutino de la calle Agustinas está viviendo sus últimos días, aunque con el Piraña – necesitado de pegas para algunos de sus amigotes rascas --, nunca se sabe.


Por Justo Calcante

 

Parece que La Ración tiene los días contados, porque si algo no le interesa al Sebas Piraña, es tener un diario gubernamental, dado que sus redes de empresas cuentan con una gran influencia en La Teresa, esa patilla de color azul que tiene ínfulas de diario y cuya filosofía es que no importa que sea mentira, siempre y cuando a sus propietarios les parezca divertida la cosa.


La Racion nació en años de una gran efervescencia social, en las décadas de 1910 y 1920, gracias a que se pusieron con los pesos los senadores Eliodoro Yáñez, Augusto Bruna, Abraham Gatica y Alfredo Escobar, todos adherentes al Partido Liberal, que intentaban respaldar lo que luego sería el primer gobierno de Arturo Alessandri Palma, acosado por los conservadores y la Iglesia, que tachaban al caudillo populista de derecha como “bolchevique”,
Los ponentes reunieron lo suficiente para comprar una vieja casona en calle Agustinas, y traer desde Alemania varias linotipias y una moderna rotativa que podía lanzar cien mil ejemplares en apenas tres horas.


Su nombre es heredado del apoyo en inversión que tuvo desde un comienzo del diario argentino del mismo nombre. Su primer director fue Ernesto Bianchi Tupper, cuñado de Eliodoro Yánez. La planta periodística desde su primera época estuvo integrada por los mejores profesionales de entonces: Enrique Tagle Moreno, que escribía con el seudónimo de Víctor Noir; Raúl Simón, conocido como César Cascabel; el destacado cronista Joaquín Edwards Bello –quien escribió desde 1917 a 1962-; Conrado Ríos, Ricardo Dávila, Inés Echeverría –Iris-, Ernesto Barros y Hugo Silva.


A poco andar la empresa fue adquirida en su totalidad por Eliodoro Yánez. Por primera vez un diario local le concedió amplio espacio a las noticias internacionales. A través de La Nación se pudieron seguir todas las alternativas del último año de la Primera Guerra Mundial, la irrupción de la Revolución de Octubre en Rusia y su repercusión en el mundo, atónito ante los primeros decretos de Vladimir Lenin, la crisis de la postguerra y la increíble inflación en Alemania.


Asimismo, la crónica nacional fue cubierta con un estilo dinámico y un exhaustivo reporteo. El triunfo de Arturo Alessandri Palma, fue informado paso a paso, y el diario mantuvo una cierta distancia crítica del gobierno, abatido después por un golpe militar, en 1924, golpe que La Nación fustigó sin reservas.


Hacia 1928 La Nación había alcanzado la primera circulación nacional. El general Carlos Ibáñez del Campo había derrocado al presidente Arturo Alessandri Palma y, quienes escribían en La Nación, eran fuertes opositores a su dictadura.


Argumentando cuantiosas deudas de tributación, el fisco incautó la empresa. “Ésta se hizo contra la firme voluntad del propietario, en condiciones desastrosas para la moral pública. Entonces, el diario quedó al servicio de la dictadura”, narró Joaquín Edwards Bello, en una de sus columnas.


El gobierno -que entonces era el único dueño de La Nación y su imprenta- propuso a los acreedores capitalizar su deuda y asociarse con el fisco en la administración de la empresa. Resignados, pues sabían que no tendrían otra forma de cobrar, los privados aceptaron el acuerdo, pero consiguieron que sus acciones fueran consideradas preferentes, por lo cual gozarían de ciertos privilegios frente al accionista mayoritario.


De este modo, el 14 de mayo de 1934 se creó la Empresa Periodística La Nación Sociedad Anónima.


Actualmente, la Empresa Periodística La Nación S. A. es propiedad en un 69% del Estado de Chile (quienes nombran a cuatro miembros del directorio, entre ellos al presidente), en un 29, 52% de Inversiones Colliguay S.A (quienes designan a tres integrantes del directorio) y de otros 27 accionistas con el 1,27%.


Después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, el matutino dejó de aparecer, en circunstancias que la circulación había caído a niveles mínimos.


A partir de octubre de ese mismo año, se intentó explorar un cambio de nombre con La Patria, cuyos directores, para ignominia del gremio, fueron los mediocres reporteros Carlos Sepúlveda y Héctor Muñoz. La caída no se detuvo y nuevamente el diario dejó de circular. Reapareció en 1975 como tabloide, con el nuevo nombre de El Cronista, bajo la lamentable dirección de la fallecida periodista Silvia Pinto. No obstante los esfuerzos de modernización y de una atractiva diagramación, no logró conquistar lectores. En 1980 retornó su nombre de origen, La Nación, bajo la dirección de un momio insigne, Luciano Vásquez, a quien sucediera Jaime Valdés, además del agentón Gastón Acuña, junto a los abogados de ultra derecha Orlando Poblete y Pablo Sáenz de Santa María.


A comienzos de los años1980 aterrizaron en el gobierno los Chicago Boys. Y también lo hicieron en el diario, donde se nombró a Miguel Bejides como nuevo gerente general.


Con el retorno a la Democracia, en 1990, se transforma en un diario al servicio de la transición democrática, con un fuerte compromiso con la verdad y la defensa de los Derechos Humanos.
Entre sus reportajes de impacto estuvo el hecho al dueño de las cadenas de supermercados Lider, Almac y Ekono, Nicolás Ibáñez Scott, quien mantenía prácticas laborales abiertamente negreras. Eduardo Rossel, el actual jefe de informaciones del periódico, recuerda que en esa ocasión consultó a un quiosquero dónde estaba el diario, “y me dijo que había venido un tipo y los había comprado todos, entonces me mandaron a reportear y empezamos a ver que eso había pasado en varias partes”.


En la misma época el diario incursiona en el periodismo electrónico, con primeralinea.cl, cuyo primer director fue el lamentable Premio Nacional de Periodismo, Juan Pablo Cárdenas Squella. A mediados del mes de febrero de 2003 se crea el sitio www.lanacion.cl, diario en internet que entrega una amplia e interactiva oferta noticiosa, columnas de opinión y temas de debate, además del contenido completo de la edición impresa de La Nación, el que se complementa con información actualizada, minuto a minuto, de las noticias nacionales e internacionales.


Ahora todo esta en manos del Piraña, al que solo interesa el Diario Oficial donde publica las escrituras de sus empresas.
ClariNet

 




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