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19-02-2010

Con sólo emplear el sentido común podemos deducir lo traumático que puede resultar para una mujer sufrir un cáncer de mama -el tumor maligno más frecuente entre las mujeres de todo el mundo-, sobre todo por la enorme carga emocional y stress que conlleva, máxime si ha tenido que someterse a una mastectomía (extirpación de la mama). Afortunadamente en la actualidad, los avances alcanzados en el diagnóstico precoz y en las técnicas quirúrgicas, permiten que la supervivencia por esta dolencia se sitúe en un 76% (España se encuentra por encima de la media europea en este rubro).

 

Una vez que se ha conseguido superar la enfermedad, surge una pregunta inevitable: ¿y ahora qué pasará con mi cuerpo?. Inicialmente las pacientes afectadas se muestran ansiosas para que de una vez se acabe el tratamiento, sin embargo, una vez terminado éste, se dan cuenta de que han de seguir luchando contra la ansiedad que les produce la idea de una reaparición del tumor. Por otro lado, son muchos los inconvenientes que hay que salvar: un fuerte impacto psicológico, cirugía, quimioterapia, radioterapia e, incluso, cinco años adicionales de tratamiento hormonal.

 

Por todo ello es frecuente que de la terapia contra el cáncer de mama se deriven molestias como trastornos músculo-esqueléticos, linfedema (hinchazón del brazo coincidente con la zona mamaria y axilar que ha sufrido la intervención quirúrgica), fatiga, insomnio, sofocos, trastornos depresivos, etc., que pueden alterar las actividades de la vida cotidiana, aunque estos trastornos -por fortuna- se consiguen superar pasado un tiempo.

 

Al hilo de esta premisa, una de las primeras recomendaciones de los expertos es no convertir este problema en el centro de la vida diaria, sino planificar el futuro en la medida de lo posible, ya que es factible disfrutar de una calidad de vida comparable a la de otras mujeres que no han pasado por dicho trance.

 

Una vez finalizado el tratamiento oncológico es importante mantener revisiones periódicas. No se trata de realizar muchas pruebas, que es lo que piden algunas pacientes porque creen que es la mejor forma de estar controladas. Esto no proporciona beneficio adicional y además produce una falsa sensación de seguridad, a excepción, por supuesto, de la mamografía, que debe mantenerse durante muchos años, ya que permite detectar segundos tumores en la otra mama y recidivas en la que está previamente operada.

 

Una vez superada la enfermedad, las pacientes empiezan a retomar aspectos de su vida que habían pasado a un segundo plano, como son las relaciones íntimas de pareja y la vuelta al mundo laboral. El cáncer tiene un impacto ciertamente significativo en la vida sexual de las afectadas y sus respectivas parejas. Los cambios en la imagen corporal provocados por los tratamientos, la menopausia precoz en las mujeres jóvenes y otros efectos asociados a la terapia como son la pérdida de la líbido, la sequedad vaginal o el dolor en la relación sexual inciden en esta problemática, por lo que requieren valoración y asesoramiento específicos.

 

En este cometido de recobrar la normalidad vital tras una mastectomía, cobra especial importancia la reconstrucción mamaria. Realizarla, afirman los especialistas en cirugía plástica y reconstructiva, supone contribuir a la recuperación psicológica de la paciente sin interrumpir el tratamiento ni el seguimiento posterior que lleva a cabo el oncólogo. Está demostrado que la reconstrucción mamaria mejora la autoestima, incrementa la fuerza de voluntad para afrontar la enfermedad y permite a las afectadas no pensar ni recordar obsesivamente el importante problema de salud sufrido.

 

Hoy en día es posible realizar una reconstrucción inmediata, que implica la realización de la mastectomía conjuntamente con la reconstrucción de la mama; de esta manera, la paciente se despierta con un contorno mamario adecuado y se evita así la experiencia traumática de verse con la mama amputada, lo que de entrada supone un indudable beneficio psicológico.

Algunas mujeres, ante la perspectiva de una mastectomía, prefieren no hacer coincidir la reconstrucción mamaria, pues se encuentran intentando adaptarse precisamente al hecho de haber sido diagnosticadas de un cáncer de mama. En estos casos, la reconstrucción debe posponerse.

 

En cualquier caso, no deja de resultar desconcertante que, a pesar de la alta supervivencia que se registra entre las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama, todavía es muy escaso el número de mastectomizadas que solicita algunas de las citadas posibilidades quirúrgicas. Según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), esta circunstancia se debe a la falta de información que al respecto existe tras el diagnóstico, de ahí que en tan solo el 10% de las mujeres españolas que se encuentran en esta situación se practique una cirugía de reconstrucción mamaria. Sin embargo, si las afectadas son debida y correctamente informadas por un profesional del sector, dicho porcentaje asciende al 85%.

 

Entre las opciones que ofrece la cirugía plástica, reparadora y estética para paliar el problema de la mastectomía está, en primer lugar, el empleo de un globo hinchable (expansor) que el cirujano plástico introduce debajo de la piel y el músculo del pecho de la paciente. A través de un mecanismo de válvula insertado también bajo la piel, se aplica de forma periódica una solución de suero salino durante varias semanas, hasta rellenar el expansor. Posteriormente, cuando la piel del pecho ha dado de sí lo suficiente, el expansor es retirado y sustituido por una prótesis mamaria definitiva de silicona o de suero salino.

 

Otra opción de reconstrucción mamaria implica recurrir a los tejidos de la propia paciente para crear una mama más natural.

 

Existen otras técnicas complementarias, como injertos grasos con células madre, que la cirugía plástica viene utilizando desde hace ya unos años.

ClariNet

 




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