05-02-2010
LA LETRA CHICA
DEL SEBAS PIRAÑA
Como en los contratos de las empresas tramposas, hay que cuidarse de la letra chica de las palabras del presidente electo. Su apasionada defensa de los millonarios que actúan en política y su ridícula justificación que lo hacen no para aumentar su riqueza, sino para hacer el bien, es de antología. Con esto, Sebastian Piñera no tuvo nada mejor que decir al momento de recibir la confirmación de su victoria de manos del. Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel).
Tal vez lo hizo porque horas antes apareció en la lista de los millonarios más poderosos del mundo que elabora anualmente la publicación estadounidense Forbes, encabezada este año por el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, otro político podrido en dólares.
Piñera, cuya fortuna fue cifrada en mil millones de dólares por la misma revista en marzo del año 2009 (dicen que ya llega a los 2,500 millones de la divisa), es el primer sudamericano que aparece en la lista de este año, ocupando el puesto 15.
La fortuna de Piñera, no sólo ha sido uno de sus principales apoyos para conseguir la presidencia de la República, sino que ha visto como los billetes le brotan por todos lados tras su elección. Desde el pasado 17 de enero, las acciones de su sociedad de inversión Axxion, a través de la que controla el 19,03 por ciento de la aerolínea LAN, han duplicado su valor en bolsa.
Piñera es dueño de la primera fortuna individual sudamericana en la lista, ya que antes por Chile aparecen las fortunas pero familiares de los Luksic y los Matte, que tuvieron entre sus parientes a dos presidente Arturo Alessandri Palma y su hijo Jorge Alessandri Rodríguez.
Al recibir la ratificación del Tricel, Piñera anunció que encabeza lo que llamó “la transición nueva desde un país subdesarrollado hacia un país que logre con mucho orgullo y humildad ser el primero en Latinoamérica que pueda decir que hemos derrotado el subdesarrollo", afirmó con mucha tranquilidad al asumir que puede convencer que es algo trivial y dado por hecho su delirante afirmación de sacar a Chile definitivamente del Tercer Mundo. Mejores gentes que él, como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, no lo lograron.
Pero, eso es parte de la letra chica de sus ofertones que hasta ahora le han funcionado por nuestra ingenuidad para darle un nombre elegante.
En base a estos fantasmagóricos mundos futuros de prosperidad, el empresario llama a los chilenos para que se unan en torno a una “nueva transición”, en comparación con la del fin de la dictadura de Augusto Pinochet, dejando en el camino hechos tremendos como que él amasó su fortuna a la sombra de la tiranía y de todos sus horrores (no hay que olvidar que en 1982, cuando la quiebra del Banco de Talca potenció su meteórico ascenso empresarial, uno de sus clientes fue José Ramón Ugarte, el alias para los robos bancarios de Pinochet), y que luego de hacer campaña por el No, fue generalísimo de Hernán Buchi, el fracasado delfín dictatorial, favor por el cual el jamás sospechado de instintos democráticos Sergio Onofre Jarpa, le regaló la senaturía por Santiago Oriente a cambio de fondos para Renovación Nacional.
“Hace 20 años atrás, cuando Chile recuperó su democracia, se planteó hacer una meta grande noble y ambiciosa que era hacer la transición ejemplar desde un gobierno militar a un gobierno democrático”, señaló en parte de su discurso Piñera.
Ese proceso, dijo, se hizo “evitando las crisis económica, el caos político, la violencia social que había caracterizado a muchas otras transiciones y en distintos puntos de la geografía del mundo. En ese momento se estableció una nueva forma, una nueva relación entre el gobierno y la oposición que era inédita, una confrontación a veces brutal y muchas veces inconducentes”, agregó.
Por ello, apuntó, “este año, el año del bicentenario, Chile se apronta para iniciar una nueva transición, tan grande, tan noble, y tan difícil como la que iniciamos hacia fines de los años de 1980 principios de los 1990”.
Se tratará, afirmó, de una “transición nueva, joven, del futuro, desde un país subdesarrollado, con pobreza y con desigualdades excesivas -- ¿no se habrá preguntado cual es la cuota de responsabilidad de esa derecha que lo respalda en tanta miseria? --, que es eso que nos ha acompañado durante nuestros 200 años de vida independiente, hacia un país que logre con mucho orgullo y humildad ser el primer país de América Latina que pueda decir que hemos superado la pobreza, hemos superado el subdesarrollo”.
Pero, luego comenzó a proliferar la letra chica. Dijo que apuesta a una red de protección “más eficiente, más oportuna y más libre, para que esté libre de irregularidades y de situaciones que hemos conocido en el último tiempo”. Es decir que por un lado trata de ladrones a los concertacionistas claramente y además de inútiles, sosteniendo que él, con la supuesta eficacia patronal, lo va a ser todo mejor aunque jamás especifica cómo.
Luego mostró la ojota reaccionaria al decir que el éxito de ésta red no se debe medir por “el número de personas” beneficiadas, sino que por cuantos se comienzan a rascar con sus propias uñas (una versión dulcificada de la idea mentirosa del chorreo de la riqueza) e hizo hincapié en que el éxito no se debe medir por “el número de personas” beneficiadas, sino que por “el mérito” y el “esfuerzo” de algunos para superar la pobreza. Una linda manera de ir justificando que más adelante se deje de lado a los que no tienen ese merito ni ese esfuerzo y la protección social deje de ser precisamente eso que es su esencia, la capa protectora para los desheredados de la fortuna.
También comentó su posición respecto del Estado. “No vamos a debilitar el Estado”, aseguró criticando a quienes con “prejuicios e incluso majadería” se anticipan escépticos en esta materia. Dijo que el proyecto es la modernización, más eficiente, más ágil, más transparente, puro músculo, dijo, sin grasa, como lo son a su juicio los organismos de control a la codicia empresarial que han tenido que ser restituidos en todo el mundo tras la reciente crisis.
Piñera, con excesiva frescura, dijo que buscará “construir una sociedad de valores”, apuntando que “no queremos que de tanto intentar llenar los bolsillos terminemos vaciando el alma” y advirtiendo sobre los riesgos de la riqueza. “Hay que poner un ojo en no caer en los problemas de la riqueza que muchas veces han afectado a las sociedades más prosperas”, indicó.
En el colmo de la soberbia, se comprometió a “tener una relación con el poder como un instrumento de servicio y nunca como un objetivo en sí mismo”. Que se lo diga a Silvio Berlusconi o a su modelo, el rancherote mexicano Vicente Fox, al que cita a cada rato, tal vez pensando en cómo este fue capaz de captar a una ambiciosa y burocrática centro-izquierda dorada ansiosa de pegas, pero de paso robando y mucho por la mano de los hijos de su segunda esposa Marta Sahagún y de abrirle el país al narcotráfico en grande.
Es más, olvidando sus promesas anteriores, subrayó que quiere “recuperar y fortalecer valores como el respeto a la vida, incluyendo de forma muy especial al niño o niña que está por nacer”, es decir está contra el aborto.
La letra chica de los discursos de Piñera es mucha, los ejemplos sobran y cada cual puede aportar los que encuentre. Lo realmente grave es que se nos vienen cuatro años de vodevil y simulación.
Ojalá el centro y la izquierda estén a la altura del desafío y no tengan que esperar 12 años, como el corrupto PRI mexicano, para recibir de vuelta el poder de manos de los Fox y los Felipe Calderón.
ClariNet
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