29-01-2010

La hostilidades no son en contra de hipotéticos extra-terrestres sino en contra de los asteroides, nuestro principal enemigo dentro del universo.
Por David Kikishenko
MOSCÚ -- La Agencia Espacial rusa planea examinar la posible creación de un aparato espacial cuya misión sería prevenir el hipotético choque de la Tierra con el asteroide Apophis en 2029, reveló Anatoli Pérminov, el jefe de Roscosmos.
"Veremos lo que se puede hacer. Algunos cálculos matemáticos demuestran la posibilidad de fabricar para estas fechas un aparato espacial destinado especialmente para prevenir esta colisión", declaró Permínov en una entrevista con la emisora Voz de Rusia. "No se trata de idear explosiones nucleares. Ser busca que las cosas se hagan gracias a las leyes de la física", precisó al agregar que Roscosmos va a celebrar próximamente una reunión a puertas cerradas para examinar las opciones.
Dio a entender que podría ser un proyecto internacional con la participación de China, EEUU y Unión Europea. "Mejor gastar varios centenares de millones de dólares en un sistema capaz de evitar el choque que mantenernos a la expectativa, hasta que mate a centenares de miles de personas", dijo.
El asteroide Apophis (99942), conocido anteriormente como 2004 MN4, tiene 350 metros en diámetro y es considerado a día de hoy la mayor amenaza espacial para la Tierra. En 2029 podría aproximarse a una distancia de 30.000 kilómetros a nuestro planeta, más cerca que los satélites en la órbita geoestacionaria, y cambiar de trayectoria luego hasta chocar nuestro planeta en el acercamiento siguiente, en el año 2036. Semejante colisión transformaría en desierto un territorio equiparable al de Francia.
Pérminov recordó que este asteroide "es casi tres veces superior al del bólido de Tunguska" que detonó en el aire sobre Siberia en 1908.
Más alla de los cuentos sobre ovnis, lo sucedido en Tunguska fue una explosión aérea de muy alta potencia ocurrida sobre las proximidades del río Podkamennaya en la Siberia rusa. Ocurrió a las 7:17 del día 30 de junio de 1908.
El fenómeno de Tunguska alentó más de 30 hipótesis y teorías de lo ocurrido. La detonación, similar a la de un arma termonuclear de elevada potencia, ha sido atribuida a un objeto celeste. Debido a que no se ha recuperado ningún fragmento, se maneja la teoría de que fue un cometa que estaría formado de hielo. Al no alcanzar la superficie, no se produjo cráter o astroblema y casi un siglo después se produciría no muy lejos el evento de Vitim, menos espectacular pero aún más extraño.
En Tunguska, un bólido —de unos 80 m de diámetro y probablemente rocoso— detonó en el aire. La explosión fue detectada por numerosas estaciones sismográficas y hasta por una estación barográfica en el Reino Unido debido a las fluctuaciones en la presión atmosférica que produjo. Incendió y derribó árboles en un área de 2.150 km², rompiendo ventanas de las casas de la región y haciendo caer a la gente al suelo hasta una distancia de 400 kilómetros. Durante varios días, las noches eran tan brillantes en partes de Rusia y Europa que se podía leer tras la puesta de sol sin necesidad de luz artificial. En los Estados Unidos, los observatorios del Monte Wilson y el Astrofísico del Smithsonian observaron una reducción en la transparencia atmosférica de varios meses de duración, en lo que se considera el primer indicio de este tipo asociado a explosiones de alta potencia.
La energía liberada se ha establecido, mediante el estudio del área de aniquilación, en aproximadamente 10 o 15 megatones. Si hubiese explotado sobre zona habitada, se habría producido una matanza de enormes dimensiones. Según testimonios de la población tungus —la etnia local nómada de origen mongol dedicado al pastoreo de renos— que lo vio caer, «brillaba como el sol». Informes del distrito de Kansk, a 600 kilómetros de la zona del impacto, describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda de choque, mientras las casas temblaban y en los estantes los objetos de loza se rompían. El maquinista del ferrocarril Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban tanto los vagones como los rieles.
El estudio del suceso de Tunguska fue tardío y confuso. El gobierno zarista no lo consideró prioritario (algunas fuentes indican que tenían mucho interés en hacerlo pasar por una «advertencia divina» contra la agitación revolucionaria en curso), y no sería hasta 1921, cuando la Academia Soviética de Ciencias envió una expedición a la zona dirigida por el minerólogo Leonid Kulik. El clima permitió que la alteración de las huellas del impacto fuera muy poca. Hallaron un área de devastación de 50 km de diámetro, pero ningún indicio de cráter, lo que le resultó sorprendente.
En los años siguientes hubo varias expediciones más; en 1938 Kulik realizó fotografías aéreas de la zona, lo que puso en evidencia una estructura del área de devastación en forma de alas de mariposa. Esto indicaría que se produjeron dos explosiones sucesivas en línea recta. En los años de 1950 y 1960 otras expediciones hallaron microlitos cristalinos muy ricos en níquel e iridio enterrados por toda la zona, lo que refuerza la teoría de que pudo tratarse de un objeto natural de origen extraterrestre. También se encontraron pequeñas partículas de magnetita.
Una expedición italiana que viajó a la zona en 1999 anunció en el 2007 que encontró un cráter (el lago Cheko) asociado al suceso. Se trataría de un cráter de unos 50 metros de profundidad y 450 de diámetro localizado a cinco kilómetros del epicentro de la explosión. Los científicos afirman que han estudiado anomalías gravitatorias y muestras del fondo del lago que revelan este origen. Además, no hay testimonios ni mapas que avalen la existencia de este lago con anterioridad a 1908. Creen que se trataría de un fragmento menor del cuerpo impactante (cometa o asteroide) y que chocó a velocidad reducida.
No obstante los resultados de esta expedición no son definitivos, puesto que habría que obtener muestras más profundas. Algunos científicos han puesto en duda esta hipótesis ya que consideran extraño que se generara sólo un cráter menor, en vez de un gran cráter (como el Cráter del Meteorito, en Arizona) o un rosario de pequeños cráteres (como el meteorito de Sikhote-Alin, en Rusia, o el del Campo del Cielo en Argentina), además existen árboles en el lago que aparentan tener más de cien años y que no habrían podido sobrevivir a un impacto en el lugar.
Los supervivientes de la zona afectada por la explosión lo describieron como un hongo gigante que se elevó por los aires. Muchos de esos testigos murieron a los pocos días por causa de extrañas enfermedades. Durante años se pensó que la población había quedado afectada por radiación nuclear, habiendo sido descritas mutaciones en los hijos de los nativos y en los animales. Se analizó la posibilidad de que lo que afectó a los nativos de la zona fue una enfermedad que les cubríó de pústulas y mató a familias enteras, lo que llevó a los médicos de la expedición de Genadi Plejánov llegar a la conclusión de que una epidemia de viruela había afectado a los nativos tras la explosión.
Es la teoría más aceptada actualmente por los científicos. Un cuerpo celeste (un cometa pequeño o quizá sólo un pequeño fragmento) compuesto de hielo y polvo que estalló y posteriormente quedó completamente vaporizado por el roce con la atmósfera terrestre, permitiendo que todo el hielo sublimara directamente a gas, que se dispersó por la atmósfera eliminando todo rastro de la explosión.
Al comparar los sismogramas del fenómeno Tunguska, estos corresponden a una explosión con una potencia de 30 megatones a ocho kilómetros de altura al ser comparados con los de explosiones nucleares aéreas. Según una hipótesis formulada en la década de 1930 por el astrónomo I. Astapovich y el meteorólogo F. J. Whipple, se trató del impacto de un pequeño cometa cuyo núcleo, dada la masa estimada, habría debido tener un diámetro de varios centenares de metros.
La cohesión del conglomerado que constituye el núcleo de un cometa es muy débil como para permitir su desintegración rápida en la atmósfera, ocasionando una explosión de gran magnitud al impactar contra el suelo y vaporizárse. Las destrucciones ocurridas se deberían, fundamentalmente, a la onda de choque atmosférica y, secundariamente, a la onda térmica.
Contra esta teoría, algunos científicos no logran explicar la presencia de metales tales como el níquel que supuestamente no se encuentran en cometas comunes en el sitio del impacto y es improbable que un cometa haya pasado inadvertido ante los astrónomos en días y noches anteriores del suceso; pero de la trayectoria de caída indica que el cuerpo celeste procedía de una dirección muy próxima a la del Sol, dificultando su observación.
El día de la explosión la Tierra estuvo cerca del paso del cometa 7P/Pons-Winnecke por lo que no se descarta la posibilidad de que un fragmento de este cuerpo celeste haya sido el responsable del fenómeno.
ClariNet
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