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EDICION  # 295

 4 al 10 de septiembre de 2010

  


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22-01-2010

Todos sabemos que algunos niños comienzan a hablar o a caminar antes que otros, razón por la cual nadie se preocupa ante estos hechos, en principio, normales. Sin embargo, si al cumplir los dos años se observa que un niño presenta dificultades para hablar, que no se entiende lo que dice, que se "come" sonidos o agrega otros sin ton ni son...puede que sea el momento de visitar a un especialista para dilucidar si sólo se trata de un simple problema de inmadurez en la capacidad de comunicación del pequeño o si, por el contrario, existe un trastorno que requiera atención profesional especializada.

 

De ser así, la opción es acudir a un logopeda, profesional implicado en la psicopatología del lenguaje; no en vano la logopedia es la disciplina que abarca el estudio, prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la comunicción humana, mismos que se manifiestan mediante diversas patologías y alteraciones en la voz, el habla, el lenguaje oral, escrito y gestual, la audición y las funciones orofaciales, tanto en la población infantil como adulta.

 

Los trastornos del habla o del lenguaje que requieren la actuación del logopeda son múltiples: retraso fonológico, es decir, relativo a la voz o sonido; dislalia (incapacidad del niño para pronunciar correctamente los sonidos del habla de acuerdo a su edad); trastornos del lenguaje en deficientes visuales o auditivos; dislexias (incapacidad parcial o total para comprender lo que se lee); disgrafías (escritura defectuosa sin causa neurológica o intelectual que lo justifique); disfemias (tartamudez, "tropiezos" en el lenguaje); afasias (pérdida o trastorno del habla debida a una lesión en las áreas del lenguaje de la corteza cerebral); dislosias (dificultad de la producción oral debido a alteraciones anatómicas y/o funcionales de los órganos articulatorios), etc.

 

HABLA Y LENGUAJE.

 

Habitualmente ambos conceptos se confunden: el habla es la expresión verbal del lenguaje e incluye la articulación, es decir, la manera en la que se forman las palabras; el lenguaje es un concepto más amplio que engloba todo el sistema expresivo y receptor de la información. Consiste en comprender y ser comprendidos por medio de la comunicación verbal, no verbal y escrita.

 

Si bien los problemas en el habla y el lenguaje son diferentes,, con frecuencia se superponen. Un niño con problemas de lenguaje puede pronunciar las palabras correctamente, pero ser incapaz de unir más de dos vocablos. Por el contrario, puede resultarle difícil comprender el habla de otro niño y, sin embargo, ser capaz de emplear palabras y frases para expresar sus ideas. Otros pueden hablar correctamente, pero tener dificultades para seguir instrucciones.

Los pequeños, entre los doce y los quince meses deben ser capaces de balbucear una amplia gama de sonidos y, al menos, una o más palabras, sin contar "mamá" y "papá".

 

Entre los dieciocho y veinticuatro meses deberían contar con un vocabulario de aproximadamente veinte palabras y de cincuenta o más al llegar a los dos años. A esta edad también deben ser capaces de seguir órdenes que incluyan dos pasos, como por ejemplo: "por favor, levanta el juguete y tráeme la taza".

 

Además, una de las recomendaciones que hacen los especialistas es observar si antes de cumplir los doce meses el niño se limita a mirar atentamente a quien le habla, pero no reacciona a los sonidos, ya que en esto casos es posible que presente algún tipo de pérdida de la audición.

 

Así como son múltiples y variables los trastornos del habla y del lenguaje, también lo son las causas que los producen. Algunas incluyen la pérdida auditiva, trastornos neurológicos, lesiones cerebrales, retraso mental, abuso de drogas, impedimentos tales como labio leporino y abuso o mal uso vocal. Sin embargo, con mucha frecuencia las causas tienen un origen desconocido.

 

Los expertos explican que los retrasos en el habla en niños con un desarrollo normal en otros aspectos suele deberse a una alteración en las zonas del cerebro responsables del habla, lo que genera dificultades para emitir sonidos. El habla puede ser el único contratiempo o éste puede estar acompañado de otros problemas de motricidad, como la dificultad para alimentarse. Los trastornos auditivos suelen estar igualmente relacionados con los retrasos en el habla y, consecuentemente, es posible que el niño presente problemas para comprender, imitar y utilizar el lenguaje.

 

SEÑALES DE AVISO.

 

Aproximadamente un 14% de los niños muestran un inicio tardío en la adquisición de las primeras palabras:

 

-Entre los 12 y los 24 meses de edad del niño debe preocuparse si su hijo no utiliza gestos, como señalar o saludar con la mano.

 

-A los 18 meses prefiere comunicarse a través de gestos en lugar de vocalizar y presenta problemas para emitir sonidos.

 

Es necesaria una evaluación si el niño tiene dos años y presenta las siguientes características:

 

-Sólo puede imitar el habla o las acciones y no pronuncia palabras o frases de forma espontánea.

 

-Sólo emite algunos sonidos o dice algunas palabras en forma reiterada y no puede utilizar el lenguaje oral para comunicarse más allá de sus necesidades inmediatas.

 

-No puede seguir instrucciones sencillas.

 

-Tiene un tono de voz fuera de lo común (como un sonido nasal o voz ronca) o, a pesar de su edad, resulta más difícil de lo esperado comprender lo que dice.

 

-Cuando el niño tiene dos años, sus padres o sus cuidadores habituales deben ser capaces de entender aproximadamente la mitad del habla del pequeño; cuando tiene tres años, las tres cuartas partes y, a los cuatro años, la mayoría de las personas debe entender lo que dice, incluso quienes no lo conocen.

 

A partir de los tres o cuatro años pueden detectarse trastornos específicos del lenguaje (TEL):

-El TEL es la aparición de dificultades del lenguaje en niños con un desarrollo normal de las demás funciones psicológicas y con una educación también normal.

 

-Un TEL no tratado puede desencadenar alteraciones de las funciones psicológicas y un retraso en el lenguaje.

 

Ahora bien, ¿qué pueden hacer los padres?:

 

-Dedique tiempo a comunicarse con su hijo, incluso cuando es bebé; háblele, cántele y aliéntelo a imitar sonidos y gestos.

 

-Léale cuentos y háblele sobre los cuentos que lee; comience a hacerlo a los seis meses.

 

Busque libros con ilustraciones, adecuados para la edad del niño, y que inviten a su hijo a mirar mientras usted nombra las ilustraciones.

 

-Intente comenzar con libros en los que el niño pueda imitar movimientos o que presenten texturas que el pequeño pueda tocar.

 

-Cuando su hijo sea mayor, permítale señalar las imágenes que reconozca e intentar nombrarlas. Después puede leerle poemas infantiles que tienen el atractivo de la rima.

 

-Continúe con libros que permitan al niño predecir lo que ocurrirá. Es probable que su hijo comience a memorizar sus historias favoritas. Escuche sus relatos de aventuras.

 

-Aproveche las situaciones de todos los días para reafirmar el habla y el lenguaje del pequeño.

 

En otras palabras, háblele durante todo el día. Por ejemplo, nombre los alimentos en el supermercado, explíquele lo que hace mientras cocina o limpia una habitación, señale objetos en la casa, y hágale notar los sonidos que escucha.

 

-Hágale preguntas y demuéstrele que está atento a sus respuestas (aunque sea difícil comprenderlas). Emplee un vocabulario sencillo, pero NUNCA le hable en media lengua o lenguaje infantil.

ClariNet

 

 

 




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