15-01-2010

Todo está muy bonito con esta carrera, realmente salvaje y que siempre deja víctimas, pero también hay que pensar que provoca una serie de problemas ambientales y también arqueológicos.
Por Marvin Saavedra
Los verdes billetes de los Estados Unidos, de capa caída, aún siguen provocando apetitos y su consecución es uno de los argumentos a favor de una competencia como la bárbara carrera de autos, motos, cuatrimotos y camiones que se llamada Dakar.
De acuerdo a los expertos son más de 70 millones de dólares los que les deja a las economías locales, esto además de la promoción de atractivos turísticos en virtud de sus más de mil cien horas de televisación y las más de 250 millones de visitas a todos los sitios web relacionados con la carrera.
El problema es que hablando de atractivos turísticos nadie se acuerda del medio ambiente y la destrucción que dejan los vehículos en carrera y, en especial, sus equipos de apoyo. Y esto preocupa al movimiento ambientalista de Argentina y Chile, cuyos voceros alertan sobre las secuelas de la destrucción de los ecosistemas y la pérdida de sitios de valor arqueológico, especialmente en el desierto chileno.
Luis Mariano Rendón, de Acción Ecológica, piensa que este rally Dakar puede convertirse en el principal enemigo del desierto florido, un fenómeno que, por su naturaleza y espectacularidad, es único en el mundo.
El problema, manifiesta es que “no sólo compiten camionetas todo terreno 4X4, sino también vehículos más pesados como los camiones. El desierto es un ecosistema muy sensible. Las semillas necesitan condiciones muy específicas para crecer, así que es de imaginar lo que podría provocar el paso de 4x4 y de otros vehículos pesados como los camiones”, explica.
“El rally Dakar, sin exagerar, es lo más parecido a Atila, que no dejaba pasto donde posaba el pie. Ocasiona una devastación tal que nunca más logra crecer el verde en las zonas donde pasa una caravana de este tipo, una caravana que no se limita sólo a los competidores, sino que a los equipos técnicos, al personal de la organización y a los visitantes que acuden en calidad de espectadores”, señalo Rendón, quien anuncia la presentación de una acción penal a objeto de perseguir la responsabilidad que le cabe a quienes no adoptaron las medidas de seguridad sugeridas por el Consejo de Monumentos Nacionales.
“Presentaremos un recurso de protección con orden de no innovar para que la Justicia intervenga y no permita la realización de esta carrera nuevamente. Aquí no se ha hecho ningún estudio de impacto ambiental, y eso contraviene la ley en esta materia”, dijo el coordinador de Acción Ecológica.
“Lo que ocurrió con el patrimonio arqueológico fue inexplicable. El Consejo de Monumentos Nacionales pidió tomar medidas y éstas no se implementaron. Y fue el mismo Consejo de Monumentos Nacionales que informó de la destrucción de seis sitios de valor arqueológico con motivo de la primera carrera del rally Dakar”, en el 2008, agrega.
Según Rendón, las autoridades de gobierno, incluyendo a Chiledeportes y la Conama, optaron por hacerse los lesos frente al empleo de vehículos que atentan contra el medio ambiente y que requieren de un alto consumo de combustibles.
Tal afirmación fue suscrita por Lucio Cuenca, coordinador nacional del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA). “Esta competencia no es más que un disfraz publicitario de las grandes compañías automotrices. Lo paradójico es que el gobierno de Chile cae en una incongruencia tremenda ya que, por una parte, emplaza a los países ricos a disminuir ostensiblemente la emisión de gases de efecto invernadero, y por otro lado apoya el empleo de estos vehículos 4x4”, sostiene.
Asimismo, Cuenca dice que el Gobierno subsidia esta competencia de privados so pretexto de impulsar la promoción turística del país. “Esto es nefasto. El hecho de que haya entregado más de un millón de dólares a Carlo de Gavardo para que pudiera tener su vehículo demuestra cero interés en apoyar políticas sustentables”, agrega.
Lucio Cuenca dice que el Dakar no es un rally como cualquier otro. “En Europa las competencias se ciñen a rutas y caminos prefijados claramente, lo que permite minimizar el impacto ambiental al máximo posible. Pero el Dakar no, pues su gracia estriba precisamente en que se establece una cierta libertad de recorrido por el número de competidores, lo que posibilita el ensanchamiento de su recorrido en terrenos abiertos. Y el impacto ahí es brutal”, concluye. Por eso, en un principio se hizo en África y ahora en América del sur, al amparo del único verde que se ve en estos casos, el de los dólares.
ClariNet
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