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EDICION  # 436

18 al 24 de mayo de 2013

 


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Las llamadas adicciones sin sustancia, vicios les llamaban en el pasado, aumentan en forma explosivos y cada vez van transformándose en masivas y se hace poco o nada por enfrentarlas.

 

Por Eduardo Ringler

 

El juego patológico o ludopatía o la pornografía, por ejemplo, son adicciones -vicios les llamaban en el pasado-, sin sustancia.

 

Cosa que no aminora su peligrosidad. 

   

La ludopatía es la adicción sin sustancia más extendida y una de las que conlleva consecuencias más graves para el individuo y la familia.

 

Más del 1.5% de la población mayor de dieciocho años presenta un cuadro de juego patológico, siendo la edad media de inicio de treinta y cinco años. Por cada tres hombres hay una mujer, con una edad predominante de entre dieciocho y cuarenta años, de clase social baja o media-baja.

 

En países como España hay alrededor de cuatrocientos cincuenta mil jugadores patológicos, sin contar los setecientos cincuenta mil jugadores problema que no sufren aún adicción pero tienen un alto riesgo de caer en ella.

 

Dentro del perfil del jugador patológico, encontramos tres tipos:

 

Hombre casado y con hijos, de aproximadamente cuarenta años y de clase media o ama de casa de alrededor de cincuenta años aficionada a las máquinas o jubilados con pocos parientes de clase media baja. Algo que no es demasiado diferente en Chile.

 

Especialmente porque la absurda explosión de casinos en el país, puede ser el escenario perfecto para que miles de compatriotas que no tengan muy manejados los límites del juego, caigan en una espiral adictiva. Esto, porque los ludópatas confiesan que pese a que desean dejar de jugar y no gastar dinero, que en ocasiones, no tienen, no pueden dejar de hacerlo.

 

Por ello, bien vale preguntarse, ¿todas las personas somos potenciales adictos al juego o hay quienes están más predispuestos que otros?, ¿cuál es el límite para convertirse en un ludópata?

 

Según los expertos no hay nada de malo en jugar de vez en cuando, sin embargo, cuando la persona juega con determinada frecuencia, invierte cantidades de dinero superiores a sus posibilidades o dedica mucho tiempo a esta actividades, son señales en la que se debe poner atención.

 

Como pasa con los bebedores, es común que la persona se niegue a reconocer  el problema, por lo tanto, también se resisten a la posibilidad de buscar ayuda y se comienzan a deteriorar las relaciones familiares, sociales y laborales.

 

Se dice que el placer por el juego deja paso a una sensación de malestar y culpa, porque la persona sigue jugando de manera compulsiva, a pesar de los problemas que le supone en aspectos importantes de su vida.

 

Respecto a las características que manifiestan los jugadores compulsivos, los sicólogos indican: La pérdida de control, la dependencia emocional respecto al juego, ya que se convierte en el centro de su vida y todo lo demás carece de sentido.

 

Se produce una indiferencia grave en la vida cotidiana y en las relaciones y muchas veces hay rasgos depresivos y ansiosos en la personalidad.

 

Sobre las consecuencias del juego patológico, se señala que la persona empieza a sentirse mal por todo el dinero gastado, intenta ocultar el problema y se aísla de los demás. Es habitual que se sientan incapaces de retomar la vida que llevaban anteriormente y eso, los hace estar más deprimidos, ansiosos y con un pobre concepto de sí mismos.

 

Incluso no es raro que se llegue al robo, a falsificar cheques o a otras conductas delictivas que no hacen más que complicar su situación.

 

También están las compras compulsivas.

 

Se indica que el trastorno de las compras compulsivas o impulsivas, también denominado trastorno de adquisición anormal, consiste en un impulso irresistible de adquirir de forma repetida objetos innecesarios, incluso a elevado precio, cuyas causas se desconocen.

 

Según el Informe Europeo sobre Adicción al Consumo, una tercera parte de los ciudadanos de la Unión Europea tiene serios problemas de autocontrol y se estima que la compra compulsiva tiene una prevalencia de un 1,1 a un 5,9 por ciento de la población, una investigación que esta pendiente en nuestro país.

 

Este mal es bastante más frecuente en mujeres (80 por ciento) y los jóvenes tienen más riesgo.

El trastorno suele iniciarse alrededor de los dieciocho años. No obstante, los afectados no buscan tratamiento hasta la tercera o cuarta década de la vida y, generalmente, lo hacen porque han llegado a tener graves problemas financieros.

 

El ansia por comprar puede tener una frecuencia que va desde una vez por hora hasta apenas una vez por mes.

 

Está también la adicción al trabajo.

 

Se trata de una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesantemente, que afecta a la salud, a la felicidad y a las relaciones interpersonales, según definió el profesor estadounidense Bil Oates  como trabajoalcolismo.

 

La adicción al trabajo, que afectaba principalmente a los hombres, en los últimos años se ha extendido también entre las mujeres y se calcula que más del veinte por ciento de la población trabajadora mundial presenta esta adicción.

 

Como rasgos individuales, predisponen a la aparición de este cuadro factores como:

 

-El ambiente familiar problemático, que hace que el trabajador no quiera llegar a casa.

 

-La ambición excesiva por el poder, el dinero y el prestigio.

 

-La falta de afectos personales, que se suplen con el trabajo.

 

-La adicción al trabajo genera consecuencias negativas en la vida familiar, ya que conduce al aislamiento, al divorcio y a la destrucción de la convivencia. Pueden desarrollarse igualmente, problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares, gástricas, musculares, hipertensión y ansiedad/depresión. Además, puede iniciarse el consumo de sustancias tóxicas para aumentar el rendimiento laboral y superar el cansancio y la necesidad de dormir.

 

-Algunos expertos han señalado que dedicar más de cincuenta horas semanales al trabajo puede determinar la adicción.

 

Y la novedad: La adicción al Internet.

 

El uso de ciberespacio es adictivo por sí mismo y puede afectar a cualquier persona que entre en contacto con esta técnica.

 

Se ha demostrado que los chats son los entornos que tienen un mayor poder adictivo, junto a la pornografía y el juego compulsivo.

 

Así que ojo.

ClariNet     

 

 




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