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08-08-2010

Un ministro al borde las lágrimas, comunicando que se quedaron sin alternativas. Sebastián Piñera plañidero pidiendo: "Ojalá Dios nos ayude"… Esas dos imágenes bastan para retratar la impotencia de las autoridades para enfrentar la tragedia minera de Copiapó que mantiene a 33 trabajadores enterrados a casi 700 metros, y con muy pocas esperanzas de vida. La desazón y angustia de los familiares se ha convertido en ira. Sindicalistas y políticos piden menos bla bla y alguna acción concreta, además de denunciar la responsabilidad de las autoridades en la tragedia. Lo peor de todo es que el gobierno hasta ayer en la tarde intentaba culminar el rescate con un gran show publicitario, hecho que en realidad apresuró el retorno del Piraña desde Colombia. Además, un rescatista que estuvo a pocos metros de donde los más optimistas creen que estarían los mineros aún sobreviviendo, puso una lápida a tales expectativas en una nota publicada hoy por La Nación, y que no ha tenido ninguna repercusión.
Por Horacio Marotta
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